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Careo (proceso penal)

Careo (proceso penal)

Proceso penal

I. CONCEPTO

En el lenguaje común, carear es poner a una o varias personas en presencia de otra u otras para confrontar lo que dicen y ver cómo reacciona cada una ante lo que dice la otra, todo ello con el fin último de esclarecer la verdad sobre ciertos dichos o hechos. El careo sería, en definitiva, la acción y el efecto de carear a una persona con otra u otras con el fin de aclarar alguna manifestación o hecho que resulta discutido o controvertido en gran medida por las distintas versiones que mantienen los careados entre sí.

El concepto jurídico de careo no difiere, en lo esencial, del vigente en el lenguaje común o usual. Se trata de un instrumento de búsqueda de la verdad sobre determinados hechos que se apoya en las distintas declaraciones dadas en juicio por los testigos y/o las partes. Viene regulado en los artículos 451 a455, 713 y 729.I LECRIM.

II. EL CAREO EN EL PROCESO PENAL

La ley procesal penal considera el careo como una diligencia de investigación, propia de la fase de instrucción o investigación de los hechos supuestamente delictivos, aunque también alude al mismo dentro de la regulación del juicio oral, como si de una prueba más se tratara.

1. El careo en la fase de instrucción del proceso penal

La regulación principal del careo se encuentra en los artículos 451 a454 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, bajo la rúbrica "Del careo de los testigos y procesados", dentro del Título V del Libro II ("Del sumario"), dedicado a la "Comprobación del delito y averiguación del delincuente". El legislador configura esta diligencia de investigación con un carácter subsidiario, lo cual quiere decir, por una parte, que es necesario que se hayan practicado anteriormente otras diligencias (declaraciones de inculpados y/o testigos), y el resultado de las mismas ofrezca versiones diferentes sobre la ocurrencia de algún hecho, suceso o acontecimiento, y por la otra, que "No se practicarán careos sino cuando no fuere conocido otro modo de comprobar la existencia del delito o la culpabilidad de alguno de los procesados" (artículo 455 LECrim).

El presupuesto de hecho o situación que permite que el Juez de Instrucción pueda acordar, en su caso, la diligencia de careo, es la existencia de una divergencia, discordancia o controversia sobre algún hecho o circunstancia que interese en el sumario, puesta de manifiesto a través de las declaraciones de dos o más testigos; dos o más procesados (o inculpados); o en la de dos o más testigos y procesados (o inculpados) entre sí (artículo 451 LECrim). El careo, indica el artículo 452 LECrim, se verificará ante el Juez, leyendo el Secretario a los procesados o testigos entre quienes tenga lugar el acto las declaraciones que hubiesen prestado, y preguntando el primero a los testigos, después de recordarles su juramento y las penas del falso testimonio, si se ratifican en ellas o tienen alguna variación que hacer. Nuestro legislador considera, acaso ingenuamente, que la comparecencia ante el Juez de Instrucción de las personas que mantienen versiones contrarias o contradictorias sobre unos mismos hechos, sean testigos y/o inculpados entre sí, o unos y otros, permitirá que alguno de ellos matice, aclare, cuando no rectifique, la declaración que en parte alimenta la controversia, ante la mayor consistencia, verosimilitud y credibilidad de la mantenida por el otro careado, pudiendo tenerse así una mayor seguridad acerca de lo realmente acontecido. Sin embargo, la realidad es bien distinta pues la práctica diaria de nuestros tribunales nos enseña que esta diligencia se convierte, en la mayor parte de los casos, en una actuación en que los intervinientes mantienen y ratifican, y además con idéntica firmeza, las declaraciones anteriores ya prestadas, por lo que su utilidad es muy escasa.

Durante la celebración de la diligencia, que, como regla general, solamente tendrá lugar entre dos personas a la vez (artículo 451 LECRIM), el Secretario Judicial dará fe de todo lo que ocurriere en el acto del careo y de las preguntas, contestaciones y reconvenciones que mutuamente se hicieren los careados, así como de lo que se observare en su actitud durante el acto; y firmará la diligencia con todos los concurrentes, expresando si alguno no lo hiciere, la razón que para ello alegue (artículo 453 LECrim).

Los límites objetivos de la diligencia de careo son los insultos y las amenazas, no debiendo permitir el Juez de Instrucción que los careados se insulten o se amenacen (artículo 454 LECrim). El límite subjetivo viene constituido por la minoría de edad de alguno o algunos de los careados, pues el artículo 455 LECrim dispone que "No se practicarán careos con testigos que sean menores de edad salvo que el Juez lo considere imprescindible y no lesivo para el interés de dichos testigos, previo informe pericial".

2. El careo en el juicio oral

La ley procesal penal apenas dedica un par de artículos a la práctica del careo durante el juicio oral, lo cual puede darnos una idea de la relativa importancia que se atribuye a este medio de prueba.

Dentro de la sección dedicada al examen de los testigos, el artículo 713 LECrim prevé que "En los careos del testigo con los procesados o de los testigos entre sí no permitirá el Presidente que medien insultos ni amenazas, limitándose la diligencia a dirigirse los careados los cargos y a hacerse las observaciones que creyeren convenientes para ponerse de acuerdo y llegar a descubrir la verdad".

Por último, en el artículo 729.1 LECrim, dentro de una disposición común a las secciones anteriores, se dice que "Los careos de los testigos entre sí o con los procesados o entre éstos, que el Presidente acuerde de oficio, o a propuesta de cualquiera de las partes", suponen una excepción al principio contenido en el artículo 728 LECrim de que no podrán practicarse otras diligencias de prueba que las propuestas por las partes, ni ser examinados otros testigos que los comprendidos en las listas presentadas.

La no admisión de una diligencia de careo no da lugar a la revocación de la valoración de la prueba, ya que el Tribunal Supremo señala en la sentencia de fecha 23 de abril de 2010 que la diligencia de "careo", como reiteradamente ha dicho esta Sala en numerosísimas Resoluciones que constituyen una pacífica y añeja doctrina, queda sometida a la plena soberanía tanto del Instructor como de quien juzga, pues al tratarse de un instrumento procesal para el auxilio en la resolución de las dudas que los titulares de dichos órganos jurisdiccionales pudieran padecer en relación con la credibilidad que el contenido de las declaraciones previamente prestadas les suscitase, es a ellos, y sólo a ellos cuando semejantes dudas sufrieran, a quienes corresponde la iniciativa o decisión acerca de la conveniencia y oportunidad de su práctica, por lo que tal decisión no puede ser susceptible de corrección o censura en este ámbito casacional (vid., por ejemplo, Sentencias del Tribunal Supremo de 23 de Octubre de 1987 y 4 de Marzo de 1998, rec. 1269/1997, entre muchas otras).

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