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Asesinato

Asesinato

Parte especial

I. ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Siguiendo a Gracia Martín, puede afirmarse que en el Derecho Romano la Lex Cornelia de sicariis et veneficiis ya hacía referencia a la muerte realizada por precio o mediante veneno. Sin embargo, el término asesinato tiene su origen en la Edad Media, y deriva de la voz árabe "haxxaxin" o consumidores de haschis, nombre que recibían en la época de las Cruzadas los miembros de una secta de fanáticos musulmanes que, bajo el efecto de la citada droga, se dedicaban a asaltar y saquear los campamentos de los cristianos. La figura del asesinato ya se recogió en el Código Penal español de 1822 y ha estado presente en todos los Códigos Penales posteriores.

II. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO

El bien jurídico protegido por el asesinato es el mismo que el delito de homicidio: la vida humana independiente. El Tribunal Constitucional interpreta que la protección de la vida humana tiene rango constitucional; el primer inciso del artículo 15 de la Constitución española establece que "todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes".

III. NATURALEZA JURÍDICA

Tradicionalmente han venido coexistiendo varias posturas sobre su naturaleza. Unos estiman que el homicidio es el delito básico, mientras que el asesinato es un mero tipo agravado del homicidio, sin sustantividad propia, de tal manera que los elementos del asesinato (alevosía, ensañamiento y precio, recompensa o promesa) tienen la consideración de circunstancias modificativas de la responsabilidad (al igual que las del artículo 22 del Código Penal). La mayoría de la doctrina y de la jurisprudencia vienen entendiendo, al contrario, que el asesinato es un tipo de delito autónomo frente al homicidio, de tal forma que las circunstancias contempladas por el artículo 139 del Código Penal son elementos constitutivos del delito de asesinato y no meras circunstancias agravantes. La adopción de una u otra postura no tiene solamente un carácter teórico, sino que despliega efectos sobre las consecuencias derivadas del error sobre los elementos agravantes, sobre la comunicabilidad a los partícipes (se examina más adelante en el apartado referido a la participación) y sobre la aplicación de las reglas del concurso; así como en el ámbito procesal, en la aplicación del principio acusatorio y de la regla contenida en el artículo 733 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (la denominada "tesis").

IV. CONDUCTA TÍPICA Y SUJETOS ACTIVO Y PASIVO

Independientemente de la postura que se adopte sobre su naturaleza jurídica, lo que no está sometido a discusión es que tiene una serie de elementos comunes con el delito de homicidio, como son el bien jurídico protegido (la vida humana independiente), la conducta típica (matar), y los sujetos activo y pasivo (cualquier persona, sin que el tipo exija ningún requisito especial para el autor o para la víctima). A estos efectos, véase "Homicidio".

V. TIPO SUBJETIVO

El dolo del autor debe abarcar tanto sobre la conducta típica (matar a otro) como sobre las circunstancias específicas del artículo 139. No cabe la comisión imprudente.

¿Es posible el dolo eventual? La gran mayoría de la doctrina entiende que no es posible dado que las circunstancias del asesinato exigen dolo directo. Aunque algunos autores defienden que el autor puede actuar con dolo directo respecto a la circunstancia constitutiva del asesinato, y en cambio con dolo eventual frente al propio resultado de matar.

VI. CIRCUNSTANCIAS

El artículo 139 del Código Penal establece que: "será castigado con la pena de prisión de quince a veinticinco años, como reo de asesinato, el que matare a otro concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:

  • 1. Con alevosía.
  • 2. Por precio, recompensa o promesa.
  • 3. Con ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido.
  • 4. Para facilitar la comisión de otro delito o para evitar que se descubra.".

Además de ello, el artículo aclara que "cuando en un asesinato concurran más de una de las circunstancias previstas en el apartado anterior, se impondrá la pena en su mitad superior".

Frente al anterior Código, han desaparecieron dos circunstancias del asesinato: en primer lugar, ejecutar el hecho por medio de inundación, incendio, veneno o explosivo, que en el régimen actual podrán ser considerados como alevosos en su caso y, en segundo término, la premeditación, dada su difícil concurrencia en la práctica a la vista de su generalizada concurrencia en los delitos dolosos (Calderón Cerezo).

El artículo 140 introduce una modalidad agravada del tipo a través de la Ley Orgánica 1/2015:

  • - "Que la víctima sea menor de dieciséis años de edad, o se trate de una persona especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o discapacidad.”
  • - "Que el hecho fuera subsiguiente a un delito contra la libertad sexual que el autor hubiera cometido sobre la víctima."
  • - "Que el delito se hubiera cometido por quien perteneciere a un grupo u organización criminal."

En estos casos se le impondrá una pena de prisión permanente revisable, introducida por la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo.

1. Alevosía

Está legalmente definida en el párrafo segundo artículo 22.1 del Código Penal, según el cual "hay alevosía cuando el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando en la ejecución medios, modos o formas que tiendan directa o especialmente a asegurarla, sin el riesgo que para su persona pudiera proceder de la defensa por parte del ofendido".

El fundamento de la agravación de la pena radica en un mayor desvalor de la acción, y ello por cuanto la utilización de los citados medios, modos o formas determinan una mayor peligrosidad objetiva de la acción.

De forma tradicional, la jurisprudencia viene distinguiendo tres tipos de asesinato con alevosía: proditorio, cuando la acción va precedida de trampa, emboscada o acechanza; sorpresivo, cuando tiene lugar un ataque súbito e inesperado; y por desvalimiento, cuando el autor se aprovecha de la especial situación de desamparo o indefensión de la víctima, como ocurre con los niños, ancianos, enfermos, personas privadas de sentido o dormidas, embriagados, narcotizados o en situación semejante. La situación de indefensión puede crearse por el propio autor del delito, o bien éste puede aprovecharse de la creada por otra persona, siempre que concurran los elementos objetivo y subjetivo que se examinan seguidamente.

Es una circunstancia de carácter mixto en la que concurre un elemento objetivo y otro subjetivo: es preciso emplear medios o formas destinados a asegurar el resultado; y es necesario que los mismos sean buscados de propósito por el autor para lograr la finalidad pretendida. Ambos elementos son exigibles en todo supuesto, aunque resulta problemática la concurrencia del subjetivo en el supuestos del desvalimiento: mientras la jurisprudencia ha venido aplicando la alevosía en estos casos, los autores exigen que el sujeto haya buscado o seleccionado de propósito la persona desvalida para garantizar la falta de defensa de la víctima, mientras que si aquél se encontró con la situación sería aplicable la circunstancia agravante genérica del abuso de superioridad.

La jurisprudencia suele excluir la alevosía en casos de riña o pelea, porque considera que todos los participantes en ella pueden esperar un ataque de los demás intervinientes. Sin embargo, está flexibilizando este criterio admitiendo que pueda aparecer alevosía en estos supuestos, valorando las circunstancias del caso concreto, como puede ocurrir cuando se utiliza de forma sorpresiva un arma de fuego o un arma blanca de gran dimensión.

2. Por precio, recompensa o promesa

El fundamento de la mayor penalidad estriba en un mayor reproche de la acción, debido a que el autor mata para obtener una ventaja económica o material.

Existirá precio cuando concurra dinero efectivo o cualquier cosa con valor pecuniario (por ejemplo una joya). La recompensa es una ventaja material distinta del precio, como puede ocurrir en los casos de obtención de un empleo o de una promoción profesional. Hay promesa en los supuestos de pago diferido en el tiempo, es decir, el ofrecimiento de un precio o recompensa que será abonada tras la comisión del delito.

No basta con la concurrencia del precio, la recompensa o la promesa, sino que éstos deben ser el motivo que ha determinado el nacimiento de la resolución de cometer el delito: quien estaba decidido a cometer el delito con anterioridad a la existencia o promesa de la ventaja material no es autor de asesinato por esta circunstancia.

Esta agravación es aplicable a la persona que mata "por" precio, recompensa o promesa. Pero, ¿qué ocurre con la persona que ofrece la ventaja material?. La doctrina entiende que deberá ser penado como inductor o cooperador necesario de un delito de homicidio, pero no de asesinato, habida cuenta que esta circunstancia de agravación solamente resulta de aplicación al autor material; aunque la jurisprudencia en alguna ocasión ha considerado que sí que es posible la inducción o la cooperación necesaria al asesinato.

3. Ensañamiento

Una tercera circunstancia consiste en matar "con ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido". Su fundamento radica en la mayor gravedad de la conducta, habida cuenta de la producción de males a la víctima innecesarios para la comisión del delito.

Para que concurra esta circunstancia es necesario, en primer lugar, un elemento objetivo consistente en la realización de actuaciones que produzcan realmente un incremento del sufrimiento o dolor de la víctima; por ello, no concurrirá cuando el autor actúe sobre personas ya muertas (por ejemplo el descuartizamiento de un cadáver) o sobre personas que, por estar inconscientes, no pueden sufrir dolor. Y, en segundo término, un elemento subjetivo consistente en que el sujeto activo tenga el propósito de aumentar inhumanamente el mencionado sufrimiento.

VII. PARTICIPACIÓN

Si se admite que el asesinato es un delito autónomo frente al homicidio, los partícipes en el delito (inductores y cooperadores necesarios) responderán por asesinato cuando hayan tenido conocimiento de la circunstancia constitutiva del asesinato en el momento de la acción o de su cooperación para el delito.

En cambio, si se estima que es una forma agravada de homicidio, resultaría de aplicación lo dispuesto por el artículo 65 del Código Penal: la alevosía y el ensañamiento, como circunstancias objetivas, son comunicables a los partícipes que tengan conocimiento de ellas; mientras que actuar por precio, recompensa o promesa, en cuanto circunstancia personal y subjetiva, no es comunicable al partícipe.

VIII. PENALIDAD

Si concurre únicamente una de las circunstancias del artículo 139 del Código Penal, la pena prevista es la de prisión de 15 a 25 años. Si concurren dos circunstancias del artículo 139 anteriormente mencionado, se impondrá le pena de su mitad superior. Por último, si concurren las circunstancias establecidas en el artículo 140 del CP se le impondrá la pena de prisión permanente revisable según la reforma introducida por la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo.

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