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Depósito (Derecho civil)

Depósito (Derecho civil)

Contratación mercantil

I. CONCEPTO Y CARACTERÍSTICAS

Se puede definir como aquel contrato en virtud del cual una parte(denominada depositario) recibe de otra (denominada depositante) que la entrega, una cosa mueble, con la obligación de guardarla y restituirla cuando sea reclamada.

Cabe hablar de dos grandes tipos de depósito, un depósito de carácter civil cuya regulación se contiene en los artículos 1758 y siguientes del Código Civil, y otro depósito de carácter mercantil que revestirá tal carácter cuando conforme al artículo 303 del Código de Comercio el depositario sea al menos comerciante, las cosas depositadas sean objeto de comercio, el depósito en si constituya una operación mercantil, o se haga como causa o consecuencia de una operación mercantil.

La jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo establece, que el depósito es mercantil cuando a cambio de una retribución convenida que recibe el almacenista (depositario) éste deberá guardar y custodiar la mercancía de forma apta e idónea para devolverla, sin que a esta calificación de depósito mercantil obste el que, al depósito como negocio base, se agreguen otros elementos que son también propios del arrendamiento de servicios y que el contrato de depósito como remunerado que es, impone una obligación de guardar que, accesoria a la restitución pasa a ser específica y característica del contrato cuya causa es la custodia como deber especialmente cualificado (Sentencias de 30 de julio de 1991, 27 de mayo de 1986 y 20 de octubre de 1989).

No se exige por nuestro legislador que adopte una forma determinada para su validez, pero lo que sí requiere en todo caso es que se produzca la entrega de la cosa, dado que se trata de un contrato real, y que quien la reciba la acepte con esa obligación de guardarla y restituirla, dado que como dice nuestro Código de Comercio el depósito quedará constituido mediante la entrega, al depositario, de la cosa que constituya su objeto.

La finalidad principal del depósito no es otra que la custodia de la cosa depositada, y esa finalidad es en sí misma la propia esencia del contrato, de hecho hay entidades y personas como los almacenes generales de depósito cuya única actividad consiste en la custodia de las cosas depositadas, así como también existen sectores como el bancario en el que el depósito de fondos es una de las principales operaciones que realizan.

A diferencia de lo que sucede con el depósito civil que se presume gratuito salvo pacto en contrario, el depósito mercantil se presume oneroso o salvo pacto en contrario, e incluso si no se fija un precio determinado y concreto se aplica la costumbre o uso de la plaza donde se constituye el depósito (artículo 304 del Código de Comercio) se trata por tanto el depósito mercantil de un contrato de depósito retribuido en el que es patente el ánimo de lucro de ambos contratantes (Sentencias del Tribunal Supremo de 31 de marzo de 1970, 27 de mayo de 1986, 20 de octubre de 1989 y 30 de julio de 1991 entre otras).

II. DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL DEPOSITARIO

En cuanto a las obligaciones y derechos que se derivan del mismo cabe destacar las siguientes:

En cuanto al depositario dos son sus obligaciones principales:

  • a) Está obligado el depositario a conservar la cosa objeto del depósito según la reciba, respondiendo de los menoscabos, daños y perjuicios que las cosas depositadas sufrieren por su malicia o negligencia, y también de los que provengan de la naturaleza o vicio de las cosas, si en estos casos no hizo por su parte lo necesario para evitarlos o remediarlos, dando aviso de ellos además al depositante, inmediatamente que se manifestaren. Esta obligación puede variar según que lo depositado sea numerario o títulos valores, artículos 307 y 308 del Código de Comercio. Así pues, "el daño sufrido por la mercancía depositada durante el tiempo que permaneció bajo la custodia del depositario, éste venía obligado a probar que el deterioro del género no fue debido a culpa o negligencia a él imputable o que se produjo por caso fortuito..." así lo tiene declarado de forma reiterada la jurisprudencia entre otras Tribunal Supremo, Sentencia de 30 de julio de 1991, es decir el depositario en caso de menoscabo de las mercancías para eximirse de responsabilidad debe de probar que actuó con la diligencia que era exigible a tenor de las circunstancias del caso concreto y que nada se le puede reprochar o bien que en el menoscabo intervino fuerza mayor o caso fortuito entendido este pues para ello, tal y como indica el artículo 1105 del Código Civil como un suceso que no hubiera podido preverse o que, previsto, fuere inevitable. Así mismo se debe tener en cuenta que el depósito mercantil, como remunerado, impone una obligación de guarda, que de accesoria a la restitución, pasa a ser la obligación específica y característica del contrato, cuya causa es la custodia, como deber específicamente cualificado, por lo que la norma impone al depositario un mayor rigor en el cumplimiento de dicho deber, que si se tratara de un depósito de carácter civil donde la diligencia a observar por el depositario según la doctrina y jurisprudencia no es otra que la de un buen padre de familia.
  • b) La segunda de las obligaciones principales del depositario, que está inmediatamente relacionada con la anterior, es la de devolver o restituir la cosa depositada al depositante, si bien en cuanto a esta obligación el Código de Comercio no establece una regulación expresa por lo que a tenor de la remisión normativa que establece el artículo 310 del Código de Comercio resultarán de aplicación las normas reguladoras del depósito civil contenidas en los artículos 1773 y siguientes del Código Civil.

    Así pueden surgir problemas en cuanto a quien se debe devolver la cosa depositada, sobre todo en el ámbito de depósitos bancarios donde una vez depositado el dinero aparece una titularidad indistinta del mismo. Merece a este respecto traer a colación la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 23 de octubre de 1999 que establecía: “que la jurisprudencia apuntada por la Sentencia del Tribunal Supremo de 24 de marzo de 1971 y seguida por la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección Decimosexta, de 2 de marzo de 1989, por la que se dilucida precisamente esta cuestión, sentando la doctrina de que es inaceptable el criterio de que el dinero depositado en las cuentas indistintas pase a ser propiedad de persona distinta a los herederos por la única razón de figurar como titular indistinto, no como propietario, porque según doctrina de la Sala Primera del Tribunal Supremo, en el contrato de depósito la relación jurídica se establece entre el depositante, dueño de la cosa depositada, y el depositario que la recibe, no modificándose la situación legal de aquél en cuanto a lo depositado por la designación de la persona que la pueda retirar. Ha tenido ocasión de pronunciarse esta Audiencia Provincial, siguiendo la doctrina del Tribunal Supremo, en la última Sentencia indicada que "los depósitos indistintos no presuponen comunidad de dominio sobre los objetos depositados, debiendo estarse a lo que resuelvan los Tribunales sobre la propiedad de ellos", por lo que incumbe al causahabiente del depositante acción para reivindicar de la persona designada en el depósito indistinto los efectos que hubiera retirado del mismo sin título para apropiárselos. En el mismo sentido se pronuncia la Sentencia de fecha 7 de diciembre de 1989, de la Sección Decimoquinta de la Audiencia Provincial de Barcelona”.

III. DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL DEPOSITANTE

En lo referente a las obligaciones del depositante cabe señalar las siguientes:

  • a) La de pagar el precio pactado al depositario y si no se hubiere pactado un precio determinado, la costumbre que tiene fuerza vinculante en el ámbito mercantil será la que determine cual es el precio a abonar, es decir que se ha de pagar el precio que sea usual en la plaza donde se constituyó el mismo para depósito de las mismas características, artículo 304 del Código de Comercio.
  • b) Así mismo deberá el depositante abonar al depositario todos los gastos que le haya ocasionado el mantenimiento de la cosa depositada, así como indemnizarle también en los perjuicios que le hubiere causado el depósito de la cosa, y ello en base a la remisión que el artículo 310 del Código de Comercio hace las normas del derecho común por lo que hacen que entre en juego el artículo 1779 del Código Civil.

Por último, indicar que en virtud de la citada remisión del artículo 310 del Código de Comercio, en caso de incumplimiento de dichas obligaciones de pago por el depositante a las que antes se ha hecho referencia, surgirá el derecho del depositario a retener en prenda la cosa depositada hasta que se le pague lo que se le deba por razón del depósito en base artículo 1780 del Código Civil, si bien la jurisprudencia entre otras la Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de julio de 1987 señala que no se trata de un verdadero derecho de prenda sino en realidad es un derecho de retención hasta que se le pague lo que se le deba por razón del depósito.

En cuanto a la extinción de este contrato de depósito, cabe señalar que si el depósito sigue por sus cauces normales el contrato terminará con la devolución de la cosa depositada y con el pago del precio. Pero también puede darse el caso de que sea el depositario el que renuncie a la tenencia de la cosa depositada si bien para ello ha de tener justos motivos, si bien la acepción de justos motivos, a la que se alude en el artículo 1776 del Código Civil, se trata de un concepto jurídico indeterminado que habrá de analizarse según las circunstancias de cada caso concreto, así por ejemplo entiende la jurisprudencia que no es justo motivo la suspensión de pagos, Sentencia del Tribunal Supremo de 21 de octubre de 1991. Si concurriere justo motivo y el depositante se negare a recibir la cosa por no haber transcurrido el plazo pactado para el deposito el depositario podrá liberarse de la cosa mediante su consignación judicial, y por tanto acorde con lo previsto en los artículos 1176 y siguientes del Código Civil.

Por otra parte, como es lógico, el contrato también se extinguirá en caso de que se pierda la cosa depositada, si bien en ese caso se deberá analizar cual es la causa de la pérdida de la cosa y si en dicha pérdida ha intervenido responsabilidad alguna o no del depositario, y si existiere esa responsabilidad del depositario surgirá la obligación de éste de indemnizar por dicha pérdida al depositante. Si la pérdida se produjo por causa de fuerza mayor, y la cosa inicialmente depositada ha sido sustituida por otra, el depositario está obligado a entregar esta última al depositante .

IV. EL DEPÓSITO IRREGULAR

Expuestas en líneas generales los elementos y obligaciones del contrato de depósito, se ha de hacer necesaria mención a lo que la doctrina llama depósito irregular, cuya característica diferenciadora de lo antes expuesto consiste básicamente en que la cosa depositada es una cosa fungible, y en consecuencia el depositario adquiere la propiedad de la cosa depositada desde la constitución del deposito, la puede usar y se obliga a devolver otro tanto de la misma especie y calidad, si bien en este tipo de supuestos las reglas a observar son las del préstamo mercantil, comisión o aquel que en sustitución del mismo se hubiere celebrado, según se desprende del artículo 309 del Código de Comercio. En la práctica este tipo de depósitos irregulares se aplican en la practica bancaria, cuando al banco se le entrega un dinero en concepto de depósito y este tiene la obligación de devolverlo, si bien la mayor parte de la doctrina y de la jurisprudencia entiende que en este tipo de supuestos más que de un contrato de depósito se ha de hablar de un contrato de préstamo.

V. EL DEPÓSITO DE USO

No obstante lo anterior, señalar que dentro de los depósitos bancarios cabe hablar del depósito de uso, que conlleva que el banco asuma la obligación de custodiar los fondos que se le depositan y se obliga a devolver la suma depositada además del abono de un interés, pudiendo tratarse de un deposito a la vista que conlleva la obligación del banco de devolver la suma depositada en el mismo momento que el cliente se lo exija, y que permite a su vez que los fondos aumenten o disminuyan según las necesidades del cliente, que se trata a su vez de un deposito indefinido y que se renueva tácitamente si bien con liquidaciones periódicas, y ofreciendo al cliente un servicio de caja para retirar e ingresar fondos, así como abono de facturas etc.

VI. OTROS DEPÓSITOS

Después están los depósitos de Preaviso que exigen que el cliente para retirar los fondos depositados deba avisar al banco con un plazo de antelación.

Y por otro lado están los depósitos a plazo fijo que conllevan básicamente que el cliente no pueda retirar los fondos depositados en el banco hasta la fecha en que se haya pactado.

Hablar por último de los depósitos de custodia, en estos el banco no esta autorizado a usar de las cosas depositadas, generalmente se trata de valores depositados en el banco, como acciones, siendo la obligación del banco la de custodiar y administrar los mismos, actuando el banco en representación de los clientes en los cobros de dividendos que generen dichos valores, así como velar porque dichos efectos depositados conserven su valor. Otra característica de este tipo de depósitos de valores es que los mismos son transmisibles.

Dentro de los depósitos de custodia cabe hablar también de aquellos depósitos en que se entregan al banco paquetes cerrados, en cuyo caso será de aplicación lo dispuesto en el artículo 307 del Código de Comercio; en íntima relación con este tipo de depósitos está el servicio de caja fuerte que prestan los bancos, que consisten en poner los bancos a disposición de los clientes un determinado compartimento en locales acorzados del banco, obligándose el cliente a pagar un precio por tener a su disposición dicha caja y el banco se obliga a vigilar y custodiar la misma, todo ello con los derechos y obligaciones que en cada caso concreto se pacten por las partes. En cuanto a la naturaleza de este tipo de contratos, la mayoría de la doctrina conviene en determinar que tiene una naturaleza mixta, ya que se trata por un lado de un contrato de arrendamiento consistente en cesión de la caja a cambio de un precio y por otro lado también es un depósito en cuanto a la obligación de guarda y custodia que asume el banco de la caja y del local donde se halla instalada la misma.

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