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Valor venal

Valor venal

El valor venal es el importe dinerario que obtendría el propietario de un bien usado en caso de compraventa. Respecto a los vehículos, se trata, en esencia, del precio que podría alcanzar el mismo en el mercado en función principalmente de cuál sea su antigüedad, estado de conservación y también en función de las leyes de mercado, siempre teniéndolo en cuenta en un momento anterior a un siniestro vial.

Responsabilidad civil

¿Qué es el valor venal de un vehículo?

El núcleo del debate respecto del valor venal, también denominado valor de venta, referido al importe dinerario que obtendría el propietario de un bien usado, ante los Juzgados y Tribunales, no es otro que el de la determinación del alcance y extensión del resarcimiento de los daños experimentados por un vehículo de motor implicado en un accidente del tránsito rodado cuando el importe de reparación excede del comúnmente denominado valor venal "o valor de venta" del vehículo de que se trate en el momento de acaecer el siniestro.

Cuando se trata de cuantificar la indemnización de daños y perjuicios sufridos por un vehículo, el primer aspecto que se debe considerar es que tal montante indemnizatorio no se identifica con el que tenga el vehículo en el momento en que los desperfectos le han sido causados, sino con el importe económico que suponga su reparación, porque ésta, en cuanto tiene lugar, restablece la situación anterior, poniendo nuevamente el vehículo en condiciones de funcionamiento, y aunque el precio de reparación sea superior al valor de aquél, el contenido de la indemnización debe emprenderlo, pues sólo así coincidirá con el daño y perjuicio real, sin que se exija que el propietario del vehículo, ante aquella disparidad, se contente con el valor de venta que tenga el vehículo antes de la reparación.

Es claro que lo que se pretende es que el perjudicado vea reparado el daño sufrido, pero ese principio hay que compaginarlo con la prohibición del enriquecimiento injusto, que también es uno de los postulados fundamentales en los que descansa nuestro Ordenamiento.

El Derecho en la antigüedad intentó solventar las cuestiones que se hoy se debaten mediante reglas determinadas.

La solución a la cuestión planteada dista mucho de ser pacifica y unánime en la doctrina, tanto científica, como jurisprudencial, debiendo significarse que las distintas posiciones a que se hará referencia parten de constatar la existencia de un cuerpo de doctrina que tiene sus orígenes en la Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de marzo de 1978, en la que se señala que carece de relevancia jurídica el hecho de que el importe de los daños causados sea superior al valor en venta del vehículo siniestrado, pues como lo cierto y evidente es que el citado vehículo estaba siendo utilizado por su propietario y de no haberse producido el siniestro hubiera podido haber seguido utilizándolo sin impedimento alguno, corresponde al perjudicado optar entre que se le abone el precio del vehículo dañado o la cuantía de su reparación, aunque esta sea superior a su precio de venta, precisando, además, que la forma de hacer frente a la responsabilidad extracontractual no puede quedar bajo ningún concepto al arbitrio del agente productor del daño, ni de las personas comprendidas en él artículo 1903 del Código civil, ni menos aún de las compañías aseguradoras que garantizan la responsabilidad civil, pues estas no gozan de la facultad de elección entre la reparación o el abono del importe del valor en venta del vehículo en el momento de la producción del accidente.

¿Cómo influye el valor venal en las indemnizaciones?

Planteado el problema en estos términos es preciso comprender la naturaleza y alcance del artículo 1902 del Código Civil, donde se regula la responsabilidad del que por acción u omisión culposa causa daños a otro. Para ello, hemos de tener muy claro que la finalidad de este precepto, es esencialmente reparadora; es decir, el perjudicado por el hecho dañoso derivado de culpa ajena tiene derecho a que su patrimonio quede en idéntico estado a como estaba antes del siniestro y plenamente reparado, sin que se vea obligado a sufrir menoscabo patrimonial alguno. Ahora bien, esto supone que el perjudicado tampoco tiene que enriquecerse en el siniestro, ni obtener ventajas patrimoniales con él. Tiene derecho a ser reparado, a ser restituido en su patrimonio, pero a nada más.

En la obligación legal de indemnizar del artículo 1902 del Código Civil predomina "la restitución" sobre la "indemnización", surgiendo la segunda, solamente, cuando no se puede conseguir la reparación y reintegración del vehículo a su utilidad original, siempre a salvo de prestaciones desorbitadas o desproporcionadas, que constituyan un gravamen injusto para el causante del daño.

Frente al derecho del perjudicado a obtener el importe del valor de la reparación del vehículo dañado, existen casos en que conceder esta indemnización puede implicar un enriquecimiento injusto, por exceder notablemente del valor venal del vehículo cuando se produce el siniestro, de tal manera que la reparación es antieconómica y mediante la concesión de su coste total se ampararía un interés diferente al reparatorio del daño, y se produciría una ganancia injustificada del perjudicado.

¿Cómo se determina la cuantía de la indemnización?

La cuestión planteada es una de las más polémicas que se encuentran en el campo de la reparación de daños materiales en sede de accidentes de tráfico, pues no existe ninguna previsión legal expresa en relación a si debe prevalecer el valor de reparación o el valor venal con un incremento por valor de afección en aquellos casos en los que existe una importante diferencia entre el valor de reparación y el valor del turismo dañado, y la jurisprudencia se viene mostrando oscilante en esta cuestión, abarcando soluciones diferentes en atención al caso concreto.

Si el vehículo se repara, el principal y primigenio derecho del perjudicado es la indemnización por el total valor de reparación, como medio esencial, de restitución del patrimonio afectado por el ilícito penal. La efectiva reparación, adverada por la factura aportada y abonada da lugar a varios criterios seguidos por nuestros Tribunales:

  • a) Atender al llamado valor "venal", esto es, al precio que se obtendría en la hipótesis de proceder a la venta del vehículo dañado, cuyo fundamento se pretende en lo exhorbitante de la prestación que se exige al deudor determinándole un sacrificio económico calificado de innecesario, correlativo a un enriquecimiento -que se califica de injusto- para el acreedor al que no puede ni debe darse lugar.
  • b) Consecuente con una conciencia de la injusticia material a que conduce la rigurosa aplicación del precedente criterio, atendidas de una parte la circunstancia de que con el "valor venal", ordinariamente establecido de modo abstracto atendida la antigüedad de la matriculación, y que margina las circunstancias concretas del vehículo de que se trate, como son su estado general, de conservación, reparaciones anteriores, incrementos o disminuciones de valor obedientes a diversas causas-colisiones, entretenimientos, frecuencia de uso, lugar de conservación y estacionamiento, valor de afección para su titular, etc.-, difícilmente puede adquirirse un vehículo de semejantes características y prestaciones, al ser siempre superior a aquél cualquier valor de adquisición o compra, aun cuando sólo sea por el beneficio a obtener por el revendedor; a que, ni aún en el hipotético supuesto de equivalencia, serían idénticos el valor del vehículo adquirido y el que tenía para el propietario el siniestrado; y a que es siempre elevado el riesgo que para el perjudicado supone la adquisición de un vehículo usado, único que acaso podría adquirirse por valor análogo, etc.

    Y de otra parte, tomando en consideración que el coste de reparación puede resultar desproporcionado con el valor de mercado del vehículo, y que la sustitución de piezas viejas por otras nuevas puede dar lugar a que el automóvil experimente un incremento de valor relativo respecto del que tenía antes del accidente con beneficio del titular, y otras, se ha resuelto en ocasiones o bien otorgar unos porcentajes suplementarios sobre el valor en venta, mediante un valor de afección comprensivo, aproximadamente, de las circunstancias a que antes se ha hecho, o bien operar una moderación del valor de reparación en las proporciones que prudencialmente se estime exceder el valor del vehículo tras ella respecto del que tenía en el momento inmediatamente anterior al accidente.

  • c) Finalmente, como criterio superador de los anteriores, los Tribunales han acudido al criterio de la "restitutio in natura" fundado, entre otras razones, en que proceder diversamente impone una especie de expropiación atípica en interés privado y prima, sobre todo, un acto ilícito -el del causante del siniestro- a costa del patrimonio damnificado. Esta tesis que parte de la doctrina contenida en la Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de marzo de 1978, aduce que quedar al arbitrio del causante de un daño elegir libremente entre reponer la cosa dañada a su estado anterior o sustituirla por otra distinta y de condiciones análogas que se pueda adquirir en el mercado de ocasión, resulta jurídicamente intolerable, como lo es también obligar al perjudicado a admitir que se le sustituya su vehículo por otro, no sólo por la dificultad que supone encontrarlo de similares condiciones de conservación, uso, y otras características a las del que tenía, por un precio justo y equitativo y con la urgencia requerida para que no se resienta o entorpezca el desenvolvimiento de la actividad a que aquél se destinaba, sino también por los eventuales vicios o defectos ocultos de que pudiera adolecer el adquirido y a la falta de seguridad en cuanto a su ulterior funcionamiento, reconociendo la procedencia de abonar el valor de reparación aunque naturalmente, condicionado a la acreditación de que efectivamente se ha llevado a cabo o vaya a tener lugar.

¿Qué circunstancias determinan el valor venal?

Existe una copiosísima jurisprudencia que ha establecido, ciertamente, que debe acudirse a la determinación de la cuantía de la indemnización en atención a las circunstancias concurrentes en cada caso concreto en función de parámetros tales como los siguientes: naturaleza y grado de utilización del vehículo, pieza de repuestos, estado de conservación del vehículo, mejoras, etc..

Para ello, y con el fin de evitar en lo posible no ya tanto la discrecionalidad, sino fundamentalmente la arbitrariedad y buscando conseguir una mayor seguridad jurídica, se han tomado en cuenta circunstancias como: el valor de la reparación y el valor en venta del bien y su relación entre sí; la cuantía de una y otra aisladamente consideradas; la mayor o menor antigüedad del vehículo y su posible sustitución por otro semejante; si el bien se ha reparado o no, desde el momento en que en el primer caso será más difícil mantener que se beneficia del accidente quien ya ha desembolsado lo que pueda luego percibir; si el vehículo se encontraba antes del accidente en buen estado o, por el contrario, no lo estaba para circular y cumplir su función; la intervención que tuvieron los conductores en la producción del resultado; el incremento del valor que del vehículo puede suponer la reparación efectuada, pues en estos casos, el mayor valor no parece lógico que se impute a la parte que causó el daño; etc.

En cualquier caso, la solución a adoptar no debe ser automática ni desconectada de la realidad fáctica que en cada caso se plantea, sino que, por el contrario, y en la medida de lo posible, se debe atender a las circunstancias conocidas del vehículo y la repercusión que las mismas pueden tener en su precio.

¿Qué hacer cuando el valor de reparación es excesivo?

En los supuestos en que la reparación no va a realizarse, o en los supuestos en que el valor de reparación es manifiestamente desproporcionado o excede con mucho al valor venal, la indemnización no puede venir configurada por el valor de reparación -por cuanto ello supondría para el causante del daño un sacrificio desmedido que sobrepasaría el ámbito de su deber de reponer y reparar, y para el perjudicado implicaría, la obtención de un beneficio injustificado, bien por obtener un importe superior al valor del objeto del que se desprendió, bien por la recuperación de la cosa en un estado o situación y con un valor económico mejorado respecto del que tenía en el momento de producirse el daño-; pero tampoco esa indemnización puede venir configurada por el mero valor venal del vehículo, ya que con ello no podría el perjudicado, ni reparar el vehículo, ni hacerse con un vehículo de características semejantes en el mercado de ocasión.

Debe entenderse que el valor de reparación es manifiestamente desproporcionado al valor venal, siempre que suponga un porcentaje de desviación superior al 100% del valor venal, ya que en tales casos más que ante una reparación del vehículo, se estaría en presencia de una auténtica reconstrucción del mismo.

En estos supuestos en los que el valor de reparación es manifiestamente desproporcionado al valor venal, la determinación del "quantum" indemnizatorio ha de hacerse de modo equitativo, de modo que resulte superior al simple valor de mercado e inferior a su coste de reparación.

Partiendo de tales postulados se pueden sentar las siguientes conclusiones:

  • a) Cuando la diferencia entre el valor de reparación y el valor venal del vehículo, no supere el 100% de este último valor, y se justifique que el vehículo ha sido reparado o, al menos que existe firme voluntad de repararlo, aplicando a tal fin la suma concedida, la indemnización habrá de establecerse con arreglo al importe de reparación del vehículo.
  • b) Cuando la diferencia entre el valor de reparación y el valor venal del vehículo, sea superior al 100% de este último valor, o aun no siéndolo no exista intención, ni voluntad -firme y suficientemente acreditada- de reparar el vehículo, la indemnización habrá de establecerse:
    • Cuando el vehículo no va a ser reparado: Incrementando el valor venal del vehículo en un porcentaje -variable según los casos, pero nunca inferior al 20%-, a fin de aproximar el importe indemnizatorio a una cantidad suficiente para que el perjudicado pueda obtener o adquirir un vehículo de iguales características y antigüedad.
    • Cuando el vehículo va a ser reparado: Reduciendo el importe de reparación en un porcentaje -también variable según las circunstancias del caso-, que sea representativo de la mejora experimentada por el vehículo al ser sustituidas las piezas usadas por otras nuevas.
  • c) En ningún caso, y a fin de que no se produzca una situación de enriquecimiento injusto, por evidentes razones de justicia y equidad, el importe indemnizatorio puede superar el importe de un vehículo de la misma marca y modelo, moderno y nuevo.

Desde otro punto de vista, tampoco debe olvidarse que el factor fundamental de determinación del precio ha de ser el de mercado, si bien, como hemos dicho, con las matizaciones que el caso requiera.

Recuerde que…

  • El valor venal de un vehículo es el importe que obtendría el propietario del mismo en caso de compraventa, teniendo en cuenta su antigüedad, conservación y las leyes del mercado.
  • La obligación de indemnizar pretende que el perjudicado vea reparado el daño sufrido, pero sin que se produzca un enriquecimiento injusto.
  • Corresponde al perjudicado optar entre que se le abone el precio del vehículo dañado o la cuantía de su reparación.
  • Cuando la reparación no se realice o resulte desproporcionada, la determinación del quantum indemnizatorio se hará de modo que resulte superior al simple valor de mercado e inferior a su coste de reparación.
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