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Rendición de cuentas

Rendición de cuentas

La rendición de cuentas es un mecanismo de control que se impone como obligación a quien gestiona negocios o intereses ajenos, consistente en la exposición del desenvolvimiento de dicha gestión, con detalle de los gastos e ingresos en su patrimonio.

Derechos reales, obligaciones y contratos

¿Qué es la rendición de cuentas?

La rendición de cuentas como obligación, y en el ámbito del Derecho Civil aparece contemplada en varios artículos de nuestro Código, y se relaciona con todos aquellos supuestos en que una persona se encarga de gestionar un interés ajeno de diferente tipo, lo cual hace necesaria la articulación de medios de control de los posibles abusos que pudiera cometer en el ejercicio de esta función. Y este mecanismo de control es el origen de la obligación de rendir cuentas, o de informar detallada y pormenorizadamente de las actividades de gestión llevadas cabo.

Puede definirse la rendición de cuentas como la operación que se concreta en la exposición, por parte de quien gestiona negocios o intereses ajenos, del desenvolvimiento de dicha gestión, con detalle de los gastos e ingresos en su patrimonio, lo que hace surgir un estado de crédito o de deuda para cada uno de los sujetos de la relación jurídica.

Señala la profesora Martínez Gallego como sus fuentes son muy variadas y van desde la ley en sentido estricto (en derecho de familia se encuentra por ejemplo en la patria potestad o la tutela), la voluntad de las partes en el campo contractual como sucede en los casos de mandato o de sociedad civil, pasando por el cuasi contrato de gestión de negocios ajenos sin mandato cuyo origen radica en una acto lícito y puramente voluntario, y ello sin olvidar las situaciones de facto de los administradores de bienes que son en parte propios y en parte ajenos, como por ejemplo el supuesto de administración individual de los bienes gananciales.

¿En qué consiste la rendición de cuentas?

Como ha señalado la profesora Martínez Gallego nos encontramos ciertamente ante una obligación positiva, de las que consisten en "dare, facere y praestare", y dentro de ellas se encuentra configurada como un facere que lleva a cabo el cuentadante a fin de determinar no solo el saldo favorable o contrario al titular de los bienes gestionados, sino también con la finalidad de determinar si existe o no responsabilidad derivada de su gestión, de forma que se trata de una obligación in faciendo.

Además se trata de una obligación personalísima e infungible en la medida en que resulta fundamental la persona del sujeto obligado y su cualidad insustituible. No obstante esta obligación también puede configurarse como una obligación de dar en el caso de que como resultado de la gestión apareciese un saldo negativo y contrario al gestor, que haría surgir la obligación de entregar la cantidad que dicho saldo negativo suponga. El calificarla como infungible obedece al dato de que el cumplimiento de la prestación se encuentra íntimamente relacionado con un especial conocimiento de las obligaciones llevadas a cabo.

Por otra parte esta obligación, aunque el asunto ha sido debatido por nuestra doctrina, tiene una naturaleza principal y no accesoria respecto de la obligación que originó la gestión. Se trata igualmente de una obligación unilateral ya que el gestor es el único que se encuentra obligado a rendir cuentas sea cual fuere el título originador de esta obligación, sin que la misma pueda ser cumplida por una tercera persona. Y se ha calificado igualmente como una obligación indivisible con independencia de que estructuralmente pueda suponer una actividad que se vaya desarrollando en diferentes etapas pues siempre formará un todo continuado y compatible.

También se configura como una obligación de carácter intransmisible, dada su naturaleza eminentemente personal y en atención a la cualidad de la persona, sin perjuicio de lo cual, se puede exigir a los herederos de la persona obligada a llevar a cabo la rendición de cuentas que procedan a la consignación los documentos, registros, inventarios y demás documentación empleada en la gestión por el causante si los tuvieran en su poder como consecuencia de la herencia y deberán entregarlos a aquella persona que encargó la gestión para que la misma pueda, si ello le conviniere, encargarla a otra persona de su confianza y elección y en todo caso para que pueda examinar las cuentas y determinar así el saldo resultante.

¿Quién ha de rendir cuentas?

Los elementos personales de la rendición de cuentas vienen constituidos por la persona obligada a rendir cuentas, y la persona a quien deben presentarse las cuentas. En principio están obligados a rendir cuentas todas aquellas personas que ha llevado a cabo una gestión, ejerciendo por tanto el cargo de gestor y ello con independencia del título que originó esta actividad de gestión. Parece que puede ser gestor toda persona que posea capacidad de obrar o al menos que tenga capacidad para llevar a cabo actos de administración. En el caso de que hubiese una pluralidad de gestores el cumplimiento de la obligación debe tener carácter mancomunado, de acuerdo con el artículo 1.137 de nuestro Código Civil que se muestra contrario a la solidaridad, de manera que cuando nos encontremos ante una pluralidad de deudores se presume que la obligación es mancomunada simple.

El destinatario de la obligación de rendición de cuentas es aquella persona acreedora en la relación obligatoria y por tanto aquella que puede recibir el pago. Son muchos los sujetos a quienes el cuentadante puede venir obligado a rendir cuentas como el propietario del bien gestionado, el heredero, la autoridad judicial, los hijos mayores de edad..., e incluso a cualquier persona que esté interesada y que pida la rendición de cuentas. Pero en cualquier caso parece que esa persona tendrá que poseer capacidad de obrar plena, sin ninguna restricción dada la trascendencia del acto de aprobación de las cuentas que implica un conocimiento y comprensión de las mismas en profundidad.

¿Cómo se lleva a cabo la rendición de cuentas?

La rendición de cuentas puede ser judicial o extrajudicial.

La rendición de cuentas judicial a su vez engloba dos conjuntos de supuestos según se lleve a cabo a instancia de parte o según exista por imperativo legal la necesidad de que se lleve a cabo mediante este cauce. También la rendición de cuentas judicial puede ser contenciosa o voluntaria según en el segundo de los casos que se acuda a la vía judicial porque una vez llevada a cabo extrajudicialmente el destinatario de las cuentas no esté conforme y acuda a la vía judicial, o bien si se presentan ante la autoridad judicial voluntariamente porque así lo disponga la ley o la propia autonomía de la voluntad.

Respecto al elemento temporal cabe decir que la rendición de cuentas ha de llevarse a cabo dentro del plazo fijado por la ley, por la autonomía de las partes o por la autoridad judicial. Ni nuestro Código Civil ni la Ley de Enjuiciamiento Civil establecen un plazo con carácter general dentro del cual se debe efectuar, por lo que cada tipo de gestión precisará de un tiempo diferente para su cumplimiento, si bien lo normal es que se rindan cuentas al finalizar la gestión, pero en cualquier caso debe afirmarse que solamente el pago en tiempo es un pago exacto.

En cuanto al lugar de cumplimiento el mismo será diferente según que la rendición de cuentas sea judicial o extrajudicial. Si es extrajudicial deberá realizarse en aquel lugar que las partes hayan fijado en virtud del principio de la autonomía de la voluntad o bien unilateralmente como en el caso del testador que nombra albacea y determina el lugar de cumplimiento de la obligación. Respecto de las cuentas que hayan de rendirse ante la autoridad judicial hemos de distinguir entre aquellas que han de rendirse por disposición legal en cuyo caso habrá de acudirse al Juzgado que conozca de la cuestión principal, y aquellas otras que no rendidas extrajudicialmente obligan a acudir a los tribunales, en cuyo caso, será competente el juez del lugar donde se haya desarrollado la cuestión o el del domicilio del demandante.

Respecto de la forma rige el principio de libertad en la misma siempre y cuando las cuentas se basen no en meras hipótesis sino en documentos justificativos.

Recuerde que…

  • La rendición de cuentas es una obligación que se impone a todos aquellos que se encargan de gestionar un interés ajeno.
  • Este mecanismo de control consiste en la exposición por parte de quien gestiona negocios o interese ajenos del desenvolvimiento de dicha gestión, con detalle de los gastos e ingresos en su patrimonio.
  • Se trata de una obligación positiva de dar, de carácter personal, infungible, personalísima e intransmisible.
  • El acreedor de esta obligación es el cuentadante, que puede ser el propietario del bien, el heredero, la autoridad judicial, etc.
  • La rendición puede ser judicial o extrajudicial, según se derive de la voluntad de las partes, de un imperativo legal o de la autoridad judicial.
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