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Estructura temporal de tipos de interés

Estructura temporal de tipos de interés

Representación gráfica de los tipos de interés para cada plazo al que cotizan los activos financieros, preferentemente Deuda Pública, en el mercado financiero en un momento concreto.

Contabilidad y finanzas

Una de las evidencias empíricas más constatadas en los mercados financieros es el hecho de que el tipo de interés que se paga por parte de una entidad emisora a los adquirentes de sus activos está en función del plazo al que están emitidos los activos.

Pues bien, se denomina Estructura Temporal de Tipos de Interés (ETTI) a la representación gráfica de los tipos de interés para cada plazo al que cotizan los activos financieros, preferentemente Deuda Pública, en el mercado financiero en un momento concreto.

Esta representación gráfica tiene la forma de curva representada en el plano, indicándose en el eje de ordenadas la escala de tipos de interés, y en el eje de abcisas los diferentes vencimientos temporales ordenados de menor a mayor a los que están emitidos los valores considerados. Lógicamente esta curva es cambiante a lo largo del tiempo, en función de la situación de los mercados y de las expectativas de los inversores.

En el mercado español, los plazos de emisión varían entre un día y treinta años. Sin embargo, en el mercado americano (Estados Unidos) los plazos llegan hasta los cincuenta años. La forma que adopta la curva puede ser creciente, decreciente (también denominada invertida) o plana (paralela al eje de abcisas). Habitualmente, se utilizan los bonos del Estado como medida del interés a los determinados plazos, debido a que se les considera como activos sin riesgo.

Si asumimos que el tipo de interés es el precio de la renuncia a la liquidez por parte del inversor, cuanto más tiempo esté invertido el dinero en un activo, mayor riesgo está asumiendo el inversor, y por tanto parece lógico que se premie su compromiso con una retribución mayor.

Lo anterior es el fundamento de la denominada "Teoría de la Preferencia por la liquidez". De esta teoría se infiere que la curva de rendimientos de una inversión será siempre creciente en función del tiempo, ya que en principio un inversor preferirá invertir a corto plazo que a largo plazo, al poder conseguir convertir antes en liquidez los activos si así le fuera necesario.

Ello implícitamente asume que los emisores de títulos de renta fija prefieren emitir a más largo plazo, a fin de garantizar la estabilidad de la estructura financiera de la entidad. Y por ello, también estarían dispuestos a pagar más interés en una emisión a diez años que en una emisión a tres años.

La unión de ambas actitudes llevaría a asumir que los tipos a largo plazo deberían ser siempre superiores a los tipos a corto plazo, y por tanto, la curva que representa la estructura temporal de los tipos de interés debería ser siempre creciente.

Sin embargo, la realidad nos demuestra que en muchas épocas de convulsión financiera, las curvas no son ascendentes, pudiendo ser "planas", es decir que es indiferente el plazo al que se emitan los bonos, puesto que a cualquier plazo se paga el mismo tipo de interés, o incluso "invertidas", es decir, cuando los tipos de interés a corto plazo son superiores a los tipos de interés a largo plazo.

Por ello, surge la denominada "Teoría de las Expectativas del Mercado", según la cual la ETTI se forma de manera exclusiva en función de las expectativas que tienen los potenciales inversores en relación a cómo van a evolucionar los tipos de interés en el futuro. Por tanto, la curva sería creciente cuando se espere que los tipos vayan a subir debido a que haya por ejemplo una elevada inflación, y sería descendente cuando la expectativa fuera de bajada de la inflación.

Evidentemente, esto implicaría un elevado conocimiento por parte de los inversores de lo que se espera que ocurra en el futuro, asumiendo que el mercado de bonos fuera un mercado altamente eficiente, lo cual no es así, existiendo normalmente amplias horquillas cotización entre la oferta y la demanda.

Por ello, los pragmáticos enuncian la denominada "Teoría de la Segmentación de Mercados", según la cual los mercados de renta fija están segmentados por productos, cuyos precios se establecen mediante las leyes de la oferta y la demanda de cada mercado. En base a esto, la forma de la curva podrá variar según los mercados (corto plazo, medio plazo o largo plazo), y tener cualquier forma. Si se demanda más a corto que a largo, la curva estaría invertida; si fuera al revés sería ascendente.

En realidad, la forma de la curva de rendimientos se debería obtener como suma de las tres teorías, ya que cada uno de estos factores influye en la curva, si bien es cierto que no lo hacen la misma proporción. De ahí surgió la denominada "Teoría del Hábitat Preferido", que ha tratado de sintetizar las tres teorías, estableciendo que el equilibrio de mercado obliga a que la oferta y la demanda de activos financieros debe ajustar sus plazos en cada momento, según el "hábitat" en el que nos encontremos, existiendo primas para aquellos vencimientos donde hay una demanda insuficiente, de tal manera que dichas primas serían las que inducirían a los inversores al abandono de sus hábitats preferidos, pasando de largo a corto plazo o viceversa.

Conocer el comportamiento de la ETTI es importante para los operadores del mercado de bonos y para los analistas financieras, amén de para las entidades emisoras, que lógicamente toman como base la ETTI al plazo al que están interesadas en emitir, añadiendo el spread que el mercado demanda para su calificación crediticia.

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