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Estados fallidos

Estados fallidos

Aquellos estados que tienen un elevado riesgo de hundimiento. A estos países en proceso de desintegración les caracteriza la corrupción, la existencia de una clase dirigente incompetente y monopolista respecto del poder y su uso, la ausencia del imperio de la ley y divisiones étnicas o religiosas.

Contabilidad y finanzas

Concepto

No es fácil comprender el fenómeno del fracaso de una nación. Los Estados fallidos se definen como aquellos que tienen un elevado riesgo de hundimiento. A estos países en proceso de desintegración les caracteriza la corrupción, la existencia de una clase dirigente incompetente y monopolista respecto del poder y su uso, la ausencia del imperio de la ley y divisiones étnicas o religiosas.

El concepto de Estado ha cambiado respecto del modelo clásico tradicional. La globalización, entre otros factores, ha supuesto muchos cambios en un período corto de tiempo.

Ahora bien, a pesar de estos cambios, es indudable el papel que tiene el Estado, al menos como garante de derechos y regulador e incentivador de procesos de cambio y de desarrollo. Independientemente de su tamaño, el Estado debería ser lo suficientemente fuerte como para resolver las demandas ciudadanas, desde la responsabilidad y la confiabilidad.

Muchos de los problemas endémicos que caracterizan a algunos países están vinculados con la falta de Estado. Y, en el peor de los casos, aún existiendo una mínima infraestructura de Estado, las élites políticas utilizan su poder de forma arbitraria para hacer de las instituciones un patrimonio exclusivo y excluyente.

Aun a riesgo de una generalización excesiva, se recogen seguidamente algunos países que podríamos categorizar en este tipo de estados: Myanmar, Haití, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo, Sudán, Afganistán, Pakistán, Irak, etc.

Origen y estado de situación actual

Tras la guerra fría y el fin del mundo bipolar, los conflictos armados han experimentado un cambio en su naturaleza. Los conflictos que se dan en la actualidad son, en su gran mayoría, de carácter doméstico y no internacional. Muchos se libran en los llamados Estados fallidos y suponen una fuente de inestabilidad regional y un enorme coste a escala mundial.

Al caer la Unión Soviética dio comienzo una etapa marcada por la ausencia de conflictos. Entre 1946-1959 se producían, aproximadamente, cuatro guerras al año y 9 pequeños conflictos, según señala Paul Collier en su libro “Guerra en el club de la miseria”. Desde la descolonización hasta 1991, coincidiendo con el fin de la guerra fría, se producían aproximadamente 17 guerras y 35 pequeños conflictos (datos de 1991). Y en 1991 se produce un punto de inflexión. En la actualidad se cuentan unas 5 guerras y 27 pequeños conflictos. Pero sus características han cambiado: hoy los conflictos se producen entre países pequeños y tienen lugar dentro de sus fronteras, lo que no significa que no acaben afectando a los países vecinos. Es violencia interna, cuyas víctimas son, fundamentalmente, los ciudadanos.

Pero no todo es cuantificable en términos de muertes por batallas, que es un indicador común globalmente utilizado. Hay otro tipo de violencia, que es mucho más eficaz: la violencia política o, lo que es lo mismo, el recurso al golpe de estado. Desde 1945 ha habido 375 golpes militares con éxito.

En los últimos años asistimos a un incremento en el nivel de conflictos. Entre otros motivos, la crisis económica está poniendo en peligro, incluso a algunos países que contaban con democracias plenamente consolidadas.

Debe distinguirse, en todo caso, entre países en vías de desarrollo y aquellos que están estancados y no crecen. Los primeros están experimentando avances, pero queda un grupo de aproximadamente 60 países, casi todos ellos en África, que forman parte de este peculiar “club de la miseria”, según Collier, donde viven mil millones de seres humanos.

En la gran mayoría de los denominados estados fallidos el tamaño de los mercados internos es insignificante, no existen infraestructuras, se da una fuerte dependencia económica de las materias primas y productos agrícolas, hay un deficiente capital humano y políticas económicas inadecuadas. Desde el punto de vista político, son países con falta de cultura democrática, nacionalismos xenófobos, conflictos étnicos derivados del proceso de descolonización y dificultades para la integración derivadas de la difícil aceptación de la supranacionalidad.

Dos problemas concretos añadidos son la existencia de armas nucleares, como puede ser el caso de Corea del Norte y Pakistán; o cuando los gobiernos tienen zonas prohibidas dentro del territorio de su Estado. Una docena de países, aproximadamente, contienen estados virtuales, áreas que en la práctica se gobiernan a si mismas a través de estructuras de gobierno paralelas. Es el caso de Georgia y las regiones de Abjasia y Osetia del sur, o el caso de Colombia y las FARC, o Somalia y Mogadiscio.

Pero, la democracia es considerada un valor supremo. Entre otros motivos porque existe la condicionalidad de la ayuda a nivel de los organismos económicos internacionales y organizaciones multilaterales de ayuda. Es entonces cuando se produce una revolución en la ingeniería electoral y los dirigentes utilizan todos los mecanismos posibles para perpetuarse en el poder.

Vías para instrumentar posibles soluciones

Ante la proliferación de un número cada vez mayor de Estados fallidos, la orientación tradicional de la defensa por parte de los países desarrollados ha cambiado, tanto por la participación en programas de estabilización y reconstrucción como por la necesidad de formar a las fuerzas armadas de los nuevos estados (en situación de post-conflicto) e integrarlas en las organizaciones internacionales de seguridad y defensa.

Pero también la cooperación al desarrollo ha asumido un papel protagonista a través del apoyo a proyectos de reforma institucional y democratización.

Según Collier, es difícil salir de esta situación, pero no imposible. Algunas de las salidas pasarían por la diversificación de las exportaciones, el desarrollo de sectores como el textil y la agricultura a gran escala y, en el caso de África, organizarse en torno a acuerdos de integración regional. También piensa el autor que en ocasiones podría resultar útil una intervención militar. Así, por ejemplo, el genocidio de Ruanda en 1994 quizás se podría haber evitado enviando tropas extranjeras de forma rápida y con un mandato claro. En la guerra que asoló Sierra Leona intervino, en el año 2002, el ejército británico obligando a la aceptación de acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla. La cuestión es por qué se tardó tanto en intervenir, dado que la guerra empezó en el año 1991 y dejó cientos de miles de muertos. Lo malo es que este tipo de intervenciones no siempre se realiza por motivos humanitarios. ¿O es casualidad que las principales compañías que tienen concesiones para las minas de diamantes en Sierra Leona sean británicas? Esto es lo que se conoce como la trampa de los recursos o la maldición de las materias primas.

En todo caso, no es fácil dar con las soluciones que permitan a este tipo de países salir de su estado de deterioro y vulnerabilidad. La ayuda internacional suele tener un bajo índice de eficacia en estos contextos, las reformas no son emprendidas por falta de incentivos y las fuerzas internacionales de paz se ven desbordadas por las necesidades. Y además, como añadido, cada país, cada conflicto, tienen unas características especiales y diferentes que hace difícil encontrar una única receta para resolver el problema.

Recuerde que...

  • No es fácil dar con las soluciones que permitan a este tipo de países salir de su estado de deterioro y vulnerabilidad.
  • Muchos de los problemas endémicos que caracterizan a algunos países están vinculados con la falta de Estado.
  • En la gran mayoría de los denominados estados fallidos el tamaño de los mercados internos es insignificante, no existen infraestructuras, se da una fuerte dependencia económica de las materias primas y productos agrícolas, hay un deficiente capital humano y políticas económicas inadecuadas.
  • Desde el punto de vista político, son países con falta de cultura democrática, nacionalismos xenófobos, conflictos étnicos derivados del proceso de descolonización y dificultades para la integración derivadas de la difícil aceptación de la supranacionalidad.
  • La intervención de los países desarrollados en estos estados no siempre se realiza por motivos humanitarios. Los intereses económicos suelen ser la causa principal en la mayoría de los casos.
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