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Crac bursátil

Crac bursátil

Contabilidad y finanzas

Concepto

Un crac bursátil puede ser definido como una caída súbita y precipitada de las cotizaciones de la mayoría de los valores que se negocian en una o varias Bolsas. En la teoría no está definido exactamente de cuánto ha de ser la bajada para que se hable de un crac bursátil, sin embargo, en la práctica se considera que el mismo se produce cuando en un breve período de tiempo, las cotizaciones sufren una pérdida en su valor de más del 20 %.

Los cracs bursátiles son desencadenados generalmente por el pánico financiero que surge tras el estallido de una burbuja especulativa y suelen ser la antesala a una recesión económica, aunque en determinadas situaciones, los temores desencadenantes del crac desaparecen poco a poco y se recupera la normalidad sin haber experimentado graves consecuencias negativas.

Funcionamiento de un crac bursátil

Todo crac bursátil se inicia con una burbuja especulativa de mayor o menor dimensión, que incita a los denominados inversores inteligentes, que disponen de información privilegiada, a adquirir valores con la expectativa de que estos van a ver incrementado su valor en poco tiempo. Esto tiene como consecuencia que las acciones empiecen a subir poco a poco y que los pequeños inversores, viendo los beneficios que podrían obtener, se interesen por las mismas y decidan comprar. Los valores siguen subiendo de precio y las ganancias se multiplican. Comienza un período eufórico en el que todos quieren hacerse con nuevas adquisiciones con las que obtener un beneficio rápido. La avaricia alcanza su máxima expresión.

En ese momento, los inversores inteligentes empiezan a vender las sobrevaloradas acciones, ocasionando una caída en los precios. El mercado se encuentra en un momento tan delicado que cualquier acontecimiento negativo puede generar una situación de pánico generalizado. Cuando llega la esperada, aunque no deseada noticia, los pequeños inversores tratan de deshacerse de sus compras, provocando un desplome masivo en las cotizaciones, que se ve magnificado por los sistemas informáticos, que cursan órdenes de venta automáticas cuando los precios de las acciones sobrepasan unos límites preestablecidos.

De este modo, el funcionamiento de un crac bursátil aclara ciertos aspectos sobre el mercado de valores:

  • El mercado financiero se caracteriza por ser muy especulativo y no todos pueden ganar al mercado. Generalmente son los pequeños inversores los que salen desencantados de su experiencia negociadora.
  • En los mercados financieros, la mayoría suele equivocarse. De modo que cuando la mayoría de los inversores se sienten eufóricos y desean comprar, es momento de vender y viceversa.

Los principales cracs bursátiles en la historia

Entre los cracs bursátiles de mayor relevancia en la historia podemos destacar los siguientes:

El crac de 1929

El crac de 1929 tuvo lugar en Nueva York entre los días 24 y 29 de octubre de 1929 y se produjo tras la explosión de una burbuja especulativa que llevó a los norteamericanos a lanzarse al mercado para adquirir acciones a través de fondos de inversión (trust funds). La principal consecuencia derivada de este crac bursátil fue el comienzo de la Gran Depresión, que ha sido considerada como la mayor crisis económica del siglo XX por su alcance internacional y la duración de sus secuelas.

  • a) Causas

    Tras la Primera Guerra Mundial, la coyuntura internacional experimentó grandes cambios, siendo uno de los más significativos la emersión de Estados Unidos como gran potencia, que se vió convertida en el primer acreedor mundial.

    En 1927, tras haber obtenido grandes beneficios en el exterior, los financieros de Estados Unidos decidieron invertir en el mercado interior, incrementando, ante la mayor demanda, los precios de las acciones de las empresas norteamericanas. Se inició así una burbuja especulativa que se vió fortalecida por las nuevas facilidades para la compra de acciones a crédito que concedió Wall Street y por la creación de los denominados trusts de inversión mobiliaria, compañías que tenían como único objetivo especular.

  • b) Desarrollo

    Los precios de las acciones ordinarias de la Bolsa de Nueva York habían empezado a subir en 1924, incremento que continuó en 1925 y experimentó algún retroceso en 1926, posiblemente como reflejo del colapso del boom inmobiliario de Florida, para seguir subiendo de forma desorbitada hasta 1929. Los precios aumentaban porque los agentes estaban convencidos de que aún crecerían más, expectativas que se autocumplían, dando lugar a nuevos incrementos en los precios que hinchaban cada vez más la burbuja.

    En verano de 1929, la actividad fue frenética. A la gran expansión de los trusts, raro era el día que no se constituía uno, se unieron fuertes incrementos en las cotizaciones del mercado de valores. La euforia se había desatado y era imparable.

    Tal era la situación que, muy pocos prestaron atención a los indicadores económicos, que mostraban claros síntomas de debilidad. Los bancos tampoco atendieron a los consejos de la Reserva Federal, que les alertaba sobre el peligro de los créditos concedidos para invertir en Bolsa. Sin embargo, Wall Street hizo caso omiso de las señales de alerta.

    El nerviosismo empezó a adueñarse de las Bolsas a partir del 4 de septiembre, cuando una fortísima caída en las cotizaciones fue pronosticada por Roger Babson, que añadía también la futura depresión que sacudiría el país como consecuencia del crac bursátil. Tras sus declaraciones se produjo la primera oleada vendedora. Sin embargo, poniendo en entredicho la reputación del estadístico, nuevas adquisiciones tranquilizaron el mercado.

    A pesar de la recuperación, en las Bolsas se respiraba un ambiente de inseguridad e incertidumbre que se veía acrecentado por las fuertes oscilaciones que se produjeron en los principales índices de Bolsa hasta el mes de octubre.

    Es precisamente el día 24 de este mes, que ha pasado a la historia como el Jueves Negro, cuando comienza el crac y el pánico invade los mercados. A las 11 de la mañana del jueves, el colapso de la Bolsa era total. El pánico se había extendido entre los inversores y la gente se agolpaba en la calle para ver qué pasaba. Hubo incluso personas que ante el pavor de no poder hacer frente a sus deudas se quitaron la vida. A las 12 de la mañana se convocó una reunión de emergencia en la que los principales banqueros decidieron aunar recursos para sostener el mercado. Ocurrió entonces el milagro: a las 13,30 inversores institucionales adquirieron un gran bloque de acciones, demostrando así la seguridad que veían en el mercado y su interés por reforzar la confianza y evitar una situación de pánico entre los agentes. Al día siguiente, ante la supuesta buena salud del mercado, la tranquilidad volvió al mismo y los precios se recuperaron.

    Sin embargo, la paz sólo duró el fin de semana, pues el lunes 28 (Lunes Negro) se sucedieron las ventas de valores, los bancos no intervinieron a diferencia de lo que habían hecho el jueves anterior y el martes 29 de octubre (Martes Negro) fue uno de los días más devastadores de la historia de la Bolsa. La locura vendedora se apoderó de los mercados, provocando mayores descensos en los precios y el colapso de la Bolsa de Nueva York. Nuevamente, los gigantes financieros se lanzaron a la adquisición de paquetes de acciones para reestablecer la confianza en el mercado. Sin embargo, en este caso su estrategia fue en balde, pues el desplome de precios fue imparable, la confianza en el mercado había desaparecido.

    El mercado de valores se embarcó en una caída constante, que culminó el 8 de julio de 1932, con una pérdida del 89 % de su valor total. Los índices bursátiles no volvieron a ver valores comparables a los anteriores al crac del 29 hasta noviembre de 1954.

  • c) Consecuencias

    El crac de 1929 ha tenido gravísimas consecuencias para la economía mundial, sin embargo, lo peor de la crisis no fueron sus consecuencias económicas, sino sus efectos sociopolíticos.

    La pérdida de confianza en el mercado derivada del crac bursátil afectó al consumo y la inversión, así como a la producción, que seguía disminuyendo. Los inversores que habían especulado con préstamos no podían pagarlos, lo que provocó que los bancos limitaran sus créditos. Esto afectó a las empresas, que presas de gravísimas dificultades de liquidez comenzaron a despedir a sus empleados, provocando unas tasas de desempleo hasta entonces desconocidas. El pánico de los inversores a perder también sus ahorros hizo que se apresuraran a retirar todo su dinero de los bancos, lo cual era inviable pues gran parte de los depósitos estaba invertida en préstamos o inversiones. El resultado fue la quiebra de un banco tras otro.

    La gravedad de la situación se vio incrementada por el contagio de la crisis a otros países como consecuencia de la estrecha relación económico-financiera existente entre Estados Unidos y el resto del mundo, así como por las medidas proteccionistas aplicadas y por la ausencia de mecanismos de cooperación internacional que evitaran el contagio de la crisis. De este modo, la economía norteamericana se sumió en una grave depresión, arrastrando con ella a buena parte de las economías europeas.

    Las causas de la Gran Depresión que siguió al crac del 29 son difíciles de explicar. Sin embargo, parece que es en parte atribuible a la especulación que originó el desastre bursátil. La estructura bancaria del momento y la pésima distribución de la renta ayudaron a agravar la situación, en la que la crisis industrial y el desempleo eran irrefrenables.

    La administración Hoover, que nada había hecho por contener el crac del 29, fue reemplazada por el Gobierno de Roosevelt, que ideó un paquete de medidas financieras, agrícolas, industriales y sociales (conocido como New Deal) con el objetivo de impulsar la economía. Sin embargo, no fue hasta la Segunda Guerra Mundial cuando la economía de Estados Unidos empezó a recuperarse gracias a la economía de guerra.

    Ante las graves pérdidas sufridas por los agentes económicos, se empezaron a ver con buenos ojos las soluciones totalitarias, que al menos parecían asegurar el pan de cada día. Se fueron popularizando así los sistemas autárquicos y las dictaduras fascistas que provocaron el comienzo de una nueva guerra mundial en 1939.

    Así, el crac de 1929 tuvo entre sus principales consecuencias la pérdida de la confianza en el mercado que provocó, junto con otros factores, la Gran Depresión de 1929, que se tradujo en varios años de recesión económica, desempleo y miseria, que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial.

    Además de las terribles consecuencias anteriormente expuestas, cabe destacar algunos hechos positivos que se derivaron del crac del 29: las taras que ocasionaron la Gran Depresión fueron reveladas y subsanadas de forma importante. Se tomaron medidas respaldando los sectores más débiles de la economía y se realizaron reformas sociales y fiscales para proteger y sostener la renta. En definitiva, se comenzó a moldear el actual Sistema de Bienestar. Asegurándose así que, al menos, en caso de volver a producirse una grave depresión, la protección ante la misma será mayor.

El lunes negro de 1987

El Lunes Negro de 1987 hace referencia al crac bursátil acontecido el 19 de octubre de ese año, día en el que se produjo el mayor derrumbe porcentual de la historia de los mercados de valores. El Dow Jones perdió casi un 23 % en una única jornada. El desastre bursátil acaecido en Nueva York se extendió por todo el mundo, demostrando la interdependencia existente en los mercados financieros.

El crac se produjo como consecuencia de una burbuja especulativa creada en torno a la creencia de que las compañías crecerían eternamente siempre que compraran otras compañías. Se multiplicaron las adquisiciones hostiles, las fusiones y las compras apalancadas, en las que las compañías adquirían cuantiosos recursos tras vender al público bonos de alto riesgo. Estos reciben el nombre de bonos basura y se caracterizan por cobrar un elevado tipo de interés a cambio de someterse al riesgo de que no ser cobrados.

También fueron comunes como fuente de financiación las ofertas públicas de acciones (OPA s). Las compañías se peleaban por la obtención de recursos que les posibilitaran adquirir otras empresas.

Los inversionistas se contagiaron de la euforia del mercado y de nuevo creyeron que el mercado crecería para siempre, haciendo alarde de su pésima memoria financiera, en la que únicamente la crisis de 1929 parecía haber hecho mella.

Se estaban realizando tantas transacciones en el mercado que, para evitar posibles fraudes comenzaron a ser investigadas, causando una alarma entre los inversores, que, ante el temor de una caída bursátil, decidieron asegurar sus carteras formalizando contratos de futuros. En escasos minutos, el mercado de futuros recibió tal suma de dinero que se colapsó, arrastrando con él al mercado de valores, pues ante la posibilidad de perder su dinero, los agentes que no estaban asegurados con futuros decidieron vender sus valores. Sin embargo, muchos no encontraron comprador.

Se produjo un desplome de la Bolsa desatado por la irracionalidad de los agentes, que vendían guiados por la mayoría y sin conocer realmente el motivo de su decisión.

Las consecuencias de este desplome bursátil fueron graves, y se vieron incrementadas por problemas informáticos en el tratamiento de los pedidos, que vendían automáticamente cuando los precios de las acciones sobrepasaban ciertos límites preestablecidos. Sin embargo, gracias a la intervención de la Reserva Federal, que redujo los tipos de interés, con el objetivo de prevenir una recesión y una crisis bancaria, los mercados se recuperaron rápidamente. Dos años más tarde el Dow Jones recuperaba los niveles registrados antes del colapso.

Cabe destacar además, que el hundimiento fue menos devastador que el de 1929 gracias a los cambios que se habían introducido en el sistema que lograron reducir la vulnerabilidad de la economía ante posibles crisis.

Es justo resaltar también que este crac propició el empleo de nuevas medidas en las Bolsas norteamericanas, con el fin de reforzar la seguridad del mercado y de evitar bruscas caídas en las cotizaciones.

La crisis de octubre de 2008

El crac bursátil mundial de octubre de 2008 consiste en una histórica caída en el precio de las acciones en prácticamente todas las Bolsas del mundo que va a afectar a todos los sectores de la economía y se caracteriza por su internacionalidad. Es considerado por algunos como el mayor crac de la historia del capitalismo.

  • a) Causas

    El crac que se produjo en octubre de 2008 tiene como origen la burbuja especulativa que se inició a finales del siglo XX en torno a los activos inmobiliarios. Comenzó entonces a forjarse un período de crecimiento económico en el que la construcción era una pieza clave del desarrollo.

    La enorme extensión del sector inmobiliario generó la propagación de las hipotecas entre los inversores. Tal era la avaricia de los bancos por obtener beneficios que comenzaron a ofrecer unas hipotecas de alto riesgo, denominadas hipotecas subprime, a aquellas familias que no tenían garantías para pagarlas, a unos tipos de interés muy elevados.

    Sin embargo, lo más grave no fue la concesión de estas hipotecas subprime, sino la titulización de las mismas que llevaron a cabo los bancos para incrementar sus beneficios, provocando la propagación de la crisis por todo el mundo.

  • b) Desarrollo

    El reventón de la burbuja inmobiliaria norteamericana desató las crisis subprime. Como consecuencia de los elevados tipos de interés, numerosas familias titulares de hipotecas de alto riesgo no tenían capacidad para hacer frente a los pagos de sus deudas. Situación que se agravó tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, pues los bancos no podían vender a buen precio los pisos para recobrar su deuda. Esta circunstancia quebró la confianza existente en el sector bancario y en el mercado de valores.

    Así, el 10 de octubre de 2008 tuvo lugar un crac generalizado en todas las plazas mundiales. El Ibex-35 perdió los 9.000 puntos (en el período anterior se había situado por encima de los 14.000) y acumuló unas pérdidas semanales mayores al 21 % de su valor. En el resto de países los descensos fueron inferiores.

    El lunes 13 de octubre la euforia se desató en la Bolsa y el Ibex-35 subió un 10 %, la mayor subida de su historia, gracias a las medidas acordadas durante el fin de semana por las principales potencias económicas, que decidieron inyectar en el sistema financiero más de un billón de euros.

    Sin embargo, el pesimismo vuelve a invadir las Bolsas y el 15 de octubre se registran fuertes caídas, que se agravan el 25 de octubre. Momento en el que se teme que se produzca una posible recesión económica global.

  • c) Medidas aplicadas y consecuencias del crac

    Tras el crac de octubre de 1929, la economía estadounidense se sumió en la Gran Depresión, ocasionada en parte por la falta de reacción de los gobiernos. A diferencia de entonces, la actuación del Gobierno en este crac bursátil ha clarificado sus intenciones de salvar la economía de una crisis de liquidez que pueda desestabilizar el sistema financiero mundial. Así, se ha realizado un plan de rescate multimillonario por parte de Estados Unidos, que ha sido seguido por Europa. Esta y otras medidas han sido aplicadas en diferentes países del mundo, lo que no ha evitado que se presenten efectos negativos tras el desplome bursátil.

    La burbuja especulativa inmobiliaria ha ocasionado una crisis hipotecaria que a su vez se ha traducido en una crisis financiera y bancaria, cuyas consecuencias se plasman sobre la economía real.

    La reducción del precio de los activos inmobiliarios ha afectado directamente al sector de la construcción, que ha visto reducido su empleo drásticamente. El cuál no solo ha disminuido en este sector, sino en todas aquellas actividades que están relacionadas con el sector inmobiliario.

    Ante la situación experimentada tras la crisis subprime, los bancos limitaron los créditos a consumidores y empresas, generando una crisis de liquidez en el mercado, así como una reducción del consumo y de la inversión. Ante la necesidad de las empresas de obtener recursos para invertir en actividades productivas, la producción también se ha visto recortada, tal y como lo ha hecho el empleo de dichas empresas.

    En conclusión puede decirse que, se ha producido un deterioro en el conjunto de la actividad económica. Ha germinado una crisis global que se ha extendido por todas las economías y por todos los sectores de la actividad económica.

Otros cracs bursátiles acontecidos en la Historia

Además de los cracs bursátiles anteriores, destacados por su importancia, se han producido numerosos colapsos en las Bolsas mundiales a lo largo de los años. Entre ellos, cabe destacar los siguientes.

  • El producido el 12 de diciembre de 1914 como consecuencia del estallido de la Primera Guerra Mundial, que llevó al Dow Jones a acumular una pérdida cercana al 25% de su valor.
  • Los duros momentos vividos en los mercados durante la crisis financiera asiática de 1997 tras la explosión de la burbuja japonesa, que ocasionó una caída en picado de los precios de los activos que se contagió a los mercados internacionales.
  • El crac ruso de agosto de 1998 en el que el rublo perdió el 60 % de su valor en 11 días, provocando una tremenda crisis económica y monetaria en Rusia, ligada en parte a la crisis financiera asiática de 1997.
  • El estallido de la burbuja Internet en el año 2000, que generó pérdidas superiores al 39 % en el índice Nasdaq durante el año. Índice que concentra los valores bursátiles ligados a Internet y a las nuevas tecnologías.
  • El que tuvo lugar el lunes 17 de septiembre de 2001, día de la reapertura de la Bolsa tras los ataques terroristas del 11-S en Estados Unidos. El Dow Jones cayó aproximadamente un 7 %, pero las caídas no se prolongaron en el tiempo.
  • El experimentado en el año 2002, como consecuencia de la falsificación de las cuentas de la empresa energética estadounidense Enron.

Todos estos cracs tuvieron importantes consecuencias para la economía, sin embargo estas caídas no se prolongaron en el tiempo, lo que demuestra la mayor capacidad de respuesta existente en el mercado gracias a las mejoras introducidas tras cada crac bursátil.

Recuerde que...

  • Los principales cracs bursátiles en la historia son: El crac de 1929. El lunes negro de 1987. La crisis de octubre de 2008.
  • El crac de 1929 tuvo lugar en Nueva York entre los días 24 y 29 de octubre de 1929 y se produjo tras la explosión de una burbuja especulativa. La principal consecuencia a consecuencia de este crac fue el comienzo de la Gran Depresión, considerándose como la mayor crisis económica del siglo XX por su alcance internacional y la duración de sus secuelas.
  • El Lunes Negro de 1987 hace referencia al crac bursátil acontecido el 19 de octubre de ese año. El crac se produjo como consecuencia de una burbuja especulativa creada en torno a la creencia de que las compañías crecerían eternamente siempre que compraran otras compañías.
  • La crisis de octubre de 2008. El crac bursátil mundial de octubre de 2008 consiste en una histórica caída en el precio de las acciones en prácticamente todas las Bolsas del mundo que va a afectar a todos los sectores de la economía y se caracteriza por su internacionalidad. Comenzó entonces a forjarse un período de crecimiento económico en el que la construcción era una pieza clave del desarrollo.
  • Existen otros cracs bursátiles acontecidos en la Historia. Entre ellos, destacamos: El producido el 12 de diciembre de 1914. El crac ruso de agosto de 1998. El estallido de la burbuja Internet en el año 2000. Estos cracs tuvieron importantes consecuencias para la economía, sin embargo estas caídas no se prolongaron en el tiempo.
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