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Paradoja de Ícaro

Paradoja de Ícaro

En analogía con la Paradoja de Ícaro mitológica griega, se aplica a aquellas empresas que se deslumbran tanto por su éxito prematuro que centran su desarrollo estratégico manteniendo las mismas ventajas competitivas que les han hecho triunfar, pero si cambia el entorno, puede que ya no sean tan óptimas las circunstancias.

Empresa

Concepto

Paradoja planteada por Miller, según la cual muchas empresas se deslumbran tanto por su éxito prematuro que centran su esfuerzo estratégico en el desarrollo y mantenimiento de las ventajas competitivas que les han hecho triunfar. Aunque tiene cierto sentido modificar las opciones estratégicas dentro de los márgenes conocidos por la organización, este proceso llevado a un extremo puede acabar volviendo poco adaptativa a la organización: si cambian las circunstancias del entorno en las que triunfó, los recursos y capacidades que posee la organización y le proporcionaron ese triunfo, puede que ya no sean tan óptimos.

El paralelismo con Ícaro es claro. Ícaro es un personaje de la mitología griega que fabricó un par de alas con el fin de escapar de la isla donde estaba prisionero. Tuvo tanta habilidad en la fabricación y manejo de esas alas que alcanzó el éxito, volando cada vez más y más alto y, por tanto, más cerca del sol. Al acercarse al sol la temperatura subió (cambia el entorno), cosa que Ícaro no tuvo en cuenta, confiando todavía en sus recursos y capacidades desarrollados a ras de suelo. El calor derritió la cera que sostenía sus alas y le precipitó hacia la muerte en el mar Egeo.

El caso Polaroid (un ejemplo de la Paradoja de Ícaro)

En 1928, un joven emprendedor, Edwin H. Land, fue capaz de desarrollar el primer filtro polarizador sintético en un laboratorio. Tras varios años de perfeccionamiento, en 1932, creó los laboratorios Land-Wheelwright, que años más tarde, en 1935, adoptarían la reconocida mundialmente denominación de Polaroid.

La comercialización del novedoso producto empezó en 1937. Eran tantas sus aplicaciones que no tardó en tener un gran éxito, siendo utilizado, incluso, por los militares norteamericanos, a los que suministró el producto masivamente en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la aplicación más famosa y rentable de su invención llegaría acabada la guerra. En 1947 Land asombraría a todo el mundo, conmocionando los cimientos de la industria fotográfica, al presentar en la Sociedad Óptica Estadounidense la primera fotografía instantánea. Se trataba de una cámara que revelaba y positivaba la imagen captada en tan solo 60 segundos. Este invento estaba destinado a convertirse en el producto estrella de la empresa, hasta la década de los noventa. La razón era obvia: satisfacía una necesidad extremadamente valorada por los clientes, que no era otra que la inmediatez en la visualización de la instantánea. Frente al tedioso proceso de revelado de las cámaras de la competencia, que obligaba a esperar varios días hasta que se recibían las fotografías en papel, “la Polaroid” permitía que el cliente disfrutase al instante de la fotografía realizada. Para una gran parte del mercado, especialmente aquella no excesivamente preocupada por la calidad y las prestaciones técnicas, sino más bien por la función lúdica de las cámaras, esta novedad fue un avance calurosamente bienvenido. Polaroid se transformó, gracias a esta innovación, en una multinacional fuertemente posicionada en multitud de países, que supo rentabilizar su inversión centrándose en los consumibles más que en las cámaras. Estas eran relativamente baratas, pero donde la empresa tenía sus más sustanciosos beneficios era en las películas y el material de revelado que requería la cámara y que solo Polaroid podía suministrar. Una vez el cliente se transformaba en cautivo al adquirir la cámara, Polaroid disfrutaba de muchos años de venta garantizada de consumibles con gran margen comercial.

Pero el entorno cambió. Durante los años 80 empezaron a desarrollarse las primeras cámaras digitales, una tecnología radicalmente diferente que sin embargo hacía daño a Polaroid en su ventaja competitiva más importante: la inmediatez. De hecho Polaroid invirtió importantes recursos durante esa década para adentrarse en el mundo digital, pero concluyó equivocadamente que no constituía un riesgo para su producto estrella, dado que la calidad de la imagen era ínfima y en aquella época era impensable que el desarrollo de la informática llevara a cada hogar un ordenador personal. Además, adoptar la tecnología digital suponía un cambio revolucionario en la conceptualización del negocio y no solo a nivel tecnológico. Las cámaras digitales daban dinero en su venta, no en su mantenimiento, una filosofía de empresa opuesta a la que, hasta entonces, había mantenido la compañía.

Polaroid, como Ícaro, insistió en mantener su estrategia ante un entorno cada vez más peligroso (cada vez más cerca del Sol): la tecnología digital de las cámaras mejoraba a pasos agigantados en calidad, prestaciones y coste y las economías desarrolladas ya empezaban a ver como normal tener un ordenador personal en casa. En febrero del año 2008 Polaroid anunció el final de la producción de películas para sus cámaras, que dejaron de fabricarse en 2007.

Recuerde que...

  • Ícaro, personaje de la mitología griega, fabricó un par de alas con tanta habilidad y manejo que alcanzó el éxito, volando cada vez más alto y, por tanto, más cerca del sol; la temperatura subió, el calor derritió la cera que sostenía sus alas y le precipitó hacia la muerte en el mar Egeo.
  • Si cambian las circunstancias del entorno en las que triunfó, los recursos y capacidades que posee la organización y le proporcionaron ese triunfo, puede que ya no sean tan óptimos.
  • Un ejemplo de la paradoja de Ícaro es el caso Polaroid.
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