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Sector secundario

Sector secundario

Sector de la economía que engloba todas las actividades que suponen una transformación, a partir de procesos industriales, de materias primas y alimentos, en bienes elaborados.

Sectores regulados

Concepto

Se trata del sector de la economía que reúne todas aquellas actividades que suponen una transformación, a partir de procesos industriales, de materias primas y alimentos, en bienes elaborados. Tal es la variedad de actividades que pueden englobarse dentro de este sector que las empresas que producen bienes industriales similares se agrupan en las denominadas ramas industriales.

Actividades industriales

Siguiendo la Clasificación Nacional de Actividades Industriales (CNAE 2009), se pueden distinguir cuatro grupos de actividad dentro del sector secundario:

  • Industrias extractivas. Incluyen actividades tales como la extracción de mineral de hierro, extracción de gas o extracción de sal.
  • Industrias manufactureras. Incluyen una gran variedad de actividades industriales de transformación tales como el procesado y conservación de carne, la elaboración de aceite de oliva, la fabricación de calzado, de productos químicos y de automóviles, o la instalación de máquinas y equipos industriales.
  • Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado, así como el transporte y comercio de energía eléctrica y gas.
  • Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación: como la recogida de residuos y su tratamiento.

Aunque la construcción podría considerarse una actividad propia del sector industrial, debido a características especiales y a la importancia que tiene para el conjunto de la economía, suele contabilizarse aparte.

El sector secundario y la Revolución Industrial

La importancia del sector secundario en la economía, además de ser un fenómeno relativamente reciente, fue efímera. Si las actividades agrícolas constituyeron la principal ocupación de la humanidad durante cerca de 10.000 años, el sector secundario fue el principal sector de algunas economías, en el mejor de los casos durante apenas siglo y medio. No resulta menos cierto que, durante ese período, las tasas de crecimiento de aquellas economías inmersas en el proceso de industrialización se multiplicaron exponencialmente, permitiendo alcanzar a determinadas naciones cotas de desarrollo nunca antes imaginadas. Por ello la Revolución Industrial británica ha sido considerada como la primera manifestación del crecimiento económico moderno.

Pero, ¿cómo el sector industrial logró superar al agrícola? ¿Por qué cedió el testigo tan pronto a otras actividades económicas?

La Revolución Industrial

Hace 10.000 años el hombre dejó de cazar animales y recolectar frutas que iba encontrando, y comenzó a desarrollar las primeras formas de agricultura sedentaria. Se trató de la primera revolución económica, la denominada Revolución Neolítica, que permitió modificar sustancialmente la tasa de progreso humano. A partir de entonces y hasta mediados del siglo XVIII la agricultura constituyó la principal actividad humana. La práctica totalidad de la producción de una nación procedía de este sector y la mayor parte de la población se dedicaba a tareas agrícolas y ganaderas. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII comenzó, en determinadas regiones europeas, un proceso que acabaría culminando con la consagración de la industria como principal actividad del hombre, logrando desplazar con ello al sector primario tras varios milenios. Se trataba de la Revolución Industrial. Iniciada en Gran Bretaña pronto el fenómeno de industrialización se extendió por el resto del continente europeo. Se trató de un proceso lento, cerca de siglo medio, y de carácter acumulativo, lo que de hecho explica que incluso los grandes economistas de la época, no fueran conscientes del cambio que estaba teniendo lugar a su alrededor. Como señala el gran historiador económico Joel Mokyr: “En términos de ingreso per cápita y de otros agregados económicos, la Revolución Industrial fue en sus comienzos un fenómeno relativamente pequeño y localizado. Sólo una minoría resultó afectada significativamente por ella. No es extraño que pareciese menos maravillosa a sus contemporáneos -incluyendo a los economistas, que debían conocer bien lo que sucedía- que a los historiadores que hablaron más tarde de ella.”

Para poder entenderlo tenemos que partir de la situación inicial; una economía con un gran sector tradicional poco productivo y que se desarrollaba lentamente, y un pequeño sector moderno que crecía muy rápidamente gracias a los grandes incrementos de productividad generados por la incorporación continua de mejoras tecnológicas. La agricultura era la principal actividad del sector tradicional. El sector moderno, por su parte, estaba constituido por actividades industriales manufactureras, y dentro de esas las textiles que utilizaban como materia prima el algodón. Un sector grande y uno pequeño, uno que se desarrolla lentamente, y el otro más rápido. Fueron necesarios por ello muchos años para que el sector moderno, el más pequeño, alcanzara e incluso superara en tamaño al más grande. En eso consistió el milagro de la Revolución Industrial; el textil del algodón, apoyado en mejoras tecnológicas, pudo superar al cabo de siglo y medio al sector primario.

Cuadro 1.- Estructura de la Renta Nacional Británica según su origen (%)
AgriculturaIndustriaComercioOtros
177045211321
181227302023
183128351522
1846245323
Fuente: R. ROMANO: Industria: Storia e Problemi. Einaudi, Turín, 1976.

Así, si al iniciarse el proceso de industrialización la agricultura suponía cerca de la mitad de la Renta Nacional Británica, setenta años después su importancia se había reducido a la mitad como consecuencia del gran crecimiento experimentado por la industria (y el comercio). El proceso resultaba ya imparable. Varias décadas después otras economías occidentales iniciarían sus particulares procesos de industrialización, que culminarían con la transformación de sus estructuras económicas.

Los orígenes de la Revolución Industrial

¿Por qué el proceso se inició en el siglo XVIII y no antes o más tarde? ¿Por qué en Gran Bretaña y no, por ejemplo, en España? La respuesta se encuentra en la relación existente entre el sector primario y el secundario de la economía. El sector industrial no puede desarrollarse en ausencia de un sector primario productivo, que genere los alimentos suficientes para alimentar a una población creciente y que permita de esta manera liberar recursos productivos, trabajo y capital, para que la industria crezca. Gran Bretaña era la única economía que, a mediados del XVIII, contaba con una agricultura lo suficientemente desarrollada, gracias a la conjunción de dos factores: cambios institucionales y mejoras tecnológicas. Los cambios institucionales, las denominadas Leyes de Cercamientos (Enclousure Acts), permitieron aumentar el tamaño medio de las explotaciones agrícolas y ganaderas británicas e, indirectamente, introducir mejoras tecnológicas que de otra manera no hubieran resultado rentables. Gracias a ello la economía británica era la única preparada en el siglo XVIII para afrontar un cambio estructural sin precedentes, que además iba a tener importantes consecuencias sociales y políticas.

La industria y sus ramas

Si las primeras décadas de la industrialización estuvieron protagonizadas por el textil del algodón, a mediados del siglo XIX este cedió paso a la denominada industria pesada o básica, así llamada por servir de base a otras ramas de actividad. La minería y la siderurgia cobraron importancia en el conjunto del PIB de los países industrializados. Estimuladas por la construcción del ferrocarril estas actividades fueron desde un punto de vista económico, las más importantes en las décadas centrales del XIX. A finales de dicho siglo, sin embargo, perderían importancia a favor de las industrias energéticas y químicas.

La pérdida de importancia del sector secundario en las economías desarrolladas

Chenery, Robinson y Syrquin (1986) han distinguido tres etapas en el desarrollo de los países en función del peso de cada sector económico en cada uno de ellos.

  • En la primera etapa, caracterizada por bajos niveles de inversión, baja productividad y crecimiento económico lento, el principal sector económico es el primario.
  • En una segunda etapa, el crecimiento de la productividad permite el despegue del sector secundario, que releva de esta manera al primario como principal sector económico. En término medio durante esta etapa la industria pasa de suponer el 19% del PIB al 36%. El momento en que tiene lugar esta etapa varía según el país. Como se ha explicado, Gran Bretaña constituye el caso más precoz (mediados del siglo XVIII). Para otros países, sin embargo, esta etapa se retrasó; es el caso de Alemania y Francia (mediados del siglo XIX) o de la Europa Mediterránea (comienzos del siglo XX).
  • La tercera etapa se caracteriza por el declive del sector secundario en el conjunto del PIB. La productividad es muy elevada en esta etapa y el sector servicios se convierte en la principal fuente de ingresos de la economía.

Precisamente los países desarrollados se encuentran en la actualidad en la tercera etapa. La industria comenzó a perder importancia a partir del segundo tercio del siglo XX en esas economías. El proceso se confirmó tras la II Guerra Mundial, cuando las economías occidentales se “terciarizaron”. En el siglo XXI se ha dado un paso adelante en este proceso, la conexión entre el sector servicios y la industria, de forma que todo el crecimiento de uno va íntimamente ligado al del otro. ¿Por qué se produce este hecho? Porque el sector secundario necesita de los servicios para poder ponerse en funcionamiento; cualquier industria manufacturera necesita de los servicios financieros, los seguros, el transporte, la distribución y comercialización de sus bienes, de las telecomunicaciones, o de otros servicios a empresas, y así, si comparamos el valor añadido de los servicios incorporados en la producción del bien y el valor añadido de la manufactura, casi es mayor el primero frente al segundo en el precio final que paga el consumidor al comprarlo.

Cuadro 2.- Distribución del PIB por sectores en 1970-2018
AgriculturaIndustriaServicios
197020181970201819702018
Argentina8.77.243.027.248.365.6
Bangladesh41.813.812.630.245.656.0
Brasil11.55.135.821.652.673.3
Camerún20.815.720.728.158.556.2
China35.17.540.440.824.551.7
España10.43.141.722.147.974.8
Estados Unidos2.40.832.119.065.580.1
Francia7.51.832.519.060.079.2
India43.716.122.529.633.854.3
México9.93.532.931.957.264.5
Reino Unido2.40.838.619.659.079.7
Suiza2.50.734.626.062.973.3
Venezuela6.15.951.935.442.058.7
Fuente: UNCTADStatt (2020).

De esta forma y tal y como puede apreciarse en el Cuadro 2, los países como Bangladesh, Camerún o China se encontrarían en la segunda fase del proceso de industrialización, con más de la tercera parte del PIB aportado por este sector (en el caso de México y Venezuela, esas cifras se ven influidas por la importancia de las industrias extractivas en sus economías). Por el contrario, los países con un mayor nivel de desarrollo como Suiza, Francia Estados Unidos o España, el sector más importante es el de los servicios, que superan holgadamente el 70%. Ahora bien, en todos ellos se puede afirmar que un valor tan elevado es debido en gran medida a la vinculación entre la producción de los bienes y la necesidad de incorporar servicios para poder llevarlo a cabo.

Recuerde que...

  • Siguiendo la CNAE 2009, se pueden distinguir cuatro grupos de actividad dentro del sector secundario: industrias extractivas; industrias manufactureras; suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado, así como transporte y comercio de energía eléctrica y gas; y suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación, recogida de residuos y su tratamiento.
  • Los países más desarrollados llevaron a cabo su industrialización a finales del siglo XVIII, dando paso posteriormente a la desindustrialización ligada a la terciarización.
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