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Gestión de activos

Gestión de activos

Se entiende por gestión de activos la gestión profesional de inversiones en activos, tanto financieros como reales, para obtener una rentabilidad que satisfaga los objetivos de los inversores. La gestión de activos se refiere tanto a la gestión de inversiones de clientes institucionales (compañías de seguros, fondos de pensiones, grandes empresas, etc.), como a la gestión de todo tipo de fondos.

Contabilidad y finanzas

Concepto

Se entiende por gestión de activos la gestión profesional de inversiones en activos, tanto financieros como reales, para obtener una rentabilidad que satisfaga los objetivos de los inversores. La gestión de activos se refiere tanto a la gestión de inversiones de clientes institucionales (las compañías de seguros, los fondos de pensiones, las grandes empresas, etc.), como a la gestión de todo tipo de fondos (fund management en inglés).

La industria de gestión de activos es, por tanto, un sector de la economía orientado a gestionar patrimonios, bien sean carteras de inversores institucionales o particulares de alta renta, o todo tipo de instituciones de inversión colectiva (IICs), como fondos de inversión o planes de pensiones.

La industria de gestión de activos ha tenido un crecimiento extraordinario durante los últimos lustros; según la consultora Boston Consulting Group, a finales de 2012 esta industria gestionaba unos activos superiores a los 62,4 billones de dólares, con unos ingresos estimados por comisiones de 80 mil millones de dólares. Asimismo, dicha industria es generadora de numerosos puestos de trabajo directos e indirectos en diversas disciplinas (gestores de inversiones, analistas, control de riesgo, personal de back-office, auditores internos y externos, informáticos, abogados, personal de ventas y marketing, etc.).

A pesar de ser un sector en crecimiento y con márgenes sobre activos gestionados en torno al 1,5-2 %, la industria, entendida como negocio, no está exenta de retos:

  • En primer lugar, los ingresos están altamente ligados a los activos bajo gestión, y estos, a su vez, dependen de las valoraciones; por lo tanto, en ciclos de mercados bajistas la industria suele sufrir por dos motivos: menor patrimonio bajo gestión, motivado por un descenso de las valoraciones de los activos y pérdida de patrimonio derivada de salidas de clientes.
  • En segundo lugar, la industria se enfrenta a la consecución de objetivos de gestión (como, por ejemplo, batir a un determinado Índice) que no son siempre sencillos de lograr. Muchos inversores, a pesar de tener horizontes de inversión dilatados, se fijan únicamente en los rendimientos en cortos períodos de tiempo.
  • En tercer lugar, los gestores de inversiones con más éxito, o al menos más populares, suelen ser caros y muy demandados. La industria tiene que competir por el talento.
  • En cuarto lugar, los clientes pueden atribuir el éxito de una gestora o una IIC a un determinado gestor, y no a un equipo completo, por lo cual, dicho gestor acumula gran poder de negociación de remuneración frente a la gestora.
  • En quinto y último lugar, los gestores de más éxito pueden verse tentados a montar su propia compañía de gestión de activos, lo cual puede producir que muchos de los clientes trasladen sus inversiones de la antigua gestora donde trabajaba el gestor a la nueva gestora que se ha constituido.

Como se ha visto, la importancia del gestor es alta en esta industria. En el negocio de gestión de activos se suele hablar de las tres P, que corresponden a las palabras Philosophy (filosofía), Process (proceso) y People (gente):

  • La filosofía se refiere a cómo es gestionado un determinado patrimonio; por ejemplo, un fondo de inversión. Existen fondos con alta rotación, otros orientados a empresas de alto crecimiento, etc.
  • El proceso se refiere al modo en que la filosofía es implementada; por ejemplo, universo de activos que considera el gestor, cómo y cuándo el gestor decide comprar, cuándo y cómo el gestor decide vender, si las decisiones son de un gestor o se toman en un comité, etc.
  • La tercera P, la gente, es quizá el punto más importante, ya que se refiere a la plantilla, especialmente a los gestores. Es muy importante su edad, cómo son seleccionados, cuánto tiempo han estado en el equipo, su experiencia previa, su remuneración.

A pesar de los retos que tiene la industria de gestión de activos, la misma es considerada como uno de los sectores más interesantes de las finanzas, no solo por sus altos activos bajo gestión, sino también porque está creciendo a tasas elevadas, y previsiblemente continuará haciéndolo en el futuro. La apertura de países emergentes, como China e India, a la inversión a través de IIC s, unida a un envejecimiento progresivo de la población en los países de la OCDE y la consecuente necesidad de generar ahorro, hacen que el sector sea muy atractivo. Asimismo, la industria se caracteriza por ser innovadora y flexible, continuamente se inventan nuevos métodos de gestión, vehículos de inversión o tipos de IICs, ya que, normalmente, las gestoras no compiten en costes, sino en diferenciación.

Protagonismo creciente de la gestión de activos y del gestor profesional

Actualmente existe una creciente profesionalización de la gestión de activos. El número de inversores institucionales ha aumentado de forma espectacular. Luis Ángel Rojo, ex gobernador del Banco de España, afirmaba que “la creciente sofisticación de los mercados financieros ha ido acompañada de un rápido desarrollo de la institucionalización del ahorro. Este ha tendido crecientemente a pasar de manos de los ahorradores privados y sus bancos tradicionales a grandes inversores institucionales. Las instituciones tradicionales de inversión y préstamo están perdiendo así terreno frente a estos nuevos inversores de ámbito mundial, cuyas decisiones están en manos de los que Henry Kaufman ha denominado gestores de alto octanaje, que diversifican sus riesgos en una amplia gama de activos financieros a través de las fronteras y que entran y salen de las monedas, bonos, acciones e instrumentos derivados”.

Las instituciones de inversión colectiva no han dejado de crecer en activos durante toda la década presente. El volumen de patrimonio de los fondos y sociedades de inversión, en el ámbito de la Unión Europea, superaba en 2002 los 9,9 mil millones de euros. En 2012 el volumen se ha situado por encima de los 17 mil millones de euros.

La industria de gestión de activos, y concretamente las instituciones de inversión colectiva (IICs), también tienen un peso muy elevado en la economía española. En 2013 los activos gestionados por los fondos de inversión alcanzaban los 250 mil millones de euros, y los planes de pensiones los 94 mil millones de euros.

En los últimos lustros se ha producido una tendencia hacia la “desintermediación”. Las sociedades de valores y sociedades gestoras de instituciones de inversión colectiva han ido ganando terreno a los bancos comerciales en los aspectos financieros.

Consecuencias de la gestión profesional

Los inversores institucionales (fondos de inversión, fondos de pensiones, bancos, compañías de seguros, ...) tienen actualmente una gran influencia sobre los mercados financieros. Esto ha producido varios efectos importantes.

En primer lugar, el inversor institucional es más proclive a tener carteras internacionales. El inversor minorista, en principio, tiene una tendencia muy clara hacia la inversión en mercado local. La internacionalización de las carteras ha supuesto que los mercados de valores de los diferentes países, y en especial de los desarrollados, estén progresivamente más correlacionados. La globalización de las carteras de los inversores ha hecho que la gestión de activos se realice más por sectores de la economía y menos por áreas geográficas.

Si la gestión de activos se hace más internacional, eso tendrá indudablemente efectos muy beneficiosos para el inversor en términos de diversificación de riesgos. No obstante, esa diversificación y una gestión más global de activos pueden ser uno de los canales de “contagio” de una crisis financiera que podría producirse en cualquier lugar. Un fondo de inversión con orientación global, en contraste con otro local, tiene mayor capacidad de extender una crisis producida en un determinado país a otro.

En segundo lugar, el inversor institucional es un profesional de las finanzas. En un fondo de inversión o de pensiones ocurre lo mismo que en una gran compañía, la propiedad y la gestión están separadas. Los gestores de los fondos de inversión no son los propietarios del patrimonio administrado, sino que son gestores profesionales a quienes se paga en función de sus resultados. La profesionalización de la inversión ha producido un efecto llamado benchmarking.

Los gestores profesionales habitualmente gestionan apoyándose en lo que se conoce como benchmark o índice de referencia. Un índice de referencia no es más que una cartera de valores, donde cada valor tendrá un peso específico.

En la mayoría de las gestoras se implementan controles para que el gestor no se desvíe excesivamente del índice de referencia, ni para bien ni para mal. Para ello se utilizan indicadores de desviación contra benchmark como el error de seguimiento, o tracking-error en inglés. El resultado del establecimiento de controles como el error de seguimiento es que, en la práctica, la mayoría de los gestores tienen rentabilidades muy similares a la de su índice de referencia, incluso muchos de ellos directamente se indexan, es decir, replican exactamente el índice, lo que supone nula o escasa aportación del buen hacer del gestor a la rentabilidad del activo gestionado.

El uso de benchmark para la gestión de activos y la remuneración al gestor respecto a un índice de referencia puede provocar en determinados momentos un cierto “efecto rebaño”, lo cual significa que los gestores tomen determinadas decisiones porque otros también lo están haciendo y no como resultado de un análisis profundo.

En tercer lugar, el mayor volumen de inversores institucionales implica frecuentemente una mayor rotación de las carteras. En general, el gestor profesional tiende a comprar y vender de forma más rápida parte de su cartera. Esto ha supuesto un incremento de la liquidez de los mercados, es decir, la rotación de los mercados (medida como el cociente entre volumen intermediado y capitalización bursátil) se ha venido incrementando desde hace treinta años.

La existencia de un mayor número de gestores profesionales ha tenido otra consecuencia importante: el desarrollo de instrumentos financieros más complejos, como es el caso de los derivados. Los derivados se utilizan para muchísimas cosas; para cubrirse, limitar pérdidas, especular, replicar un índice y un largo etcétera.

Consecuencia de la existencia de grandes grupos empresariales que gestionan grandes carteras de valores, ha sido el hecho de que en muy pocas personas se concentre un gran poder de decisión, ya que los grandes inversores institucionales tienen participaciones muy grandes en muchas de las compañías cotizadas.

VEINTE MAYORES GESTORAS (SEGÚN ACTIVOS BAJO GESTIÓN). DICIEMBRE 2016
GestoraPaís de origenActivos gestionados (miles de millones de dólares)
BlackRockEEUU5,15
Vanguard GroupEEUU3,96
State Street GlobalEEUU2,47
FidelityEEUU2,13
Allianz GroupAlemania1,97
JP Morgan ChaseEEUU1,77
Bank of New York MellonEEUU1,65
AxaFrancia1,50
Capital GroupEEUU1,48
Goldman Sach GroupEEUU1,38
Prudential FinancialEEUU1,26
BNP ParibasFrancia1,21
UBSSuiza1,21
Deutsche BankAlemania1,19
AmundiFrancia1,14
Legal & General GroupReino Unido1,10
WellingtonEEUU0,98
Northern TrustEEUU0,94
Wells FargoEEUU0,94
NuveenEEUU0,88
Fuente: Willins Tower Watson

Los mayores accionistas de las compañías cotizadas en Bolsa son, en muchas ocasiones, los inversores institucionales, en particular los fondos de inversión y planes de pensiones, los cuales, en muchas ocasiones, tienen planteadas sus inversiones como exclusivamente financieras, es decir, sin un compromiso de permanencia a largo plazo en el accionariado de la compañía. Los gestores encargados de manejar los importantes activos de los inversores institucionales vigilan muy de cerca las decisiones de los principales directivos de las compañías cotizadas. La entrada de los fondos de inversión y pensiones en el accionariado de muchas empresas cotizadas, ha conducido a que se establezcan nuevas modalidades de entrelazamiento entre las finanzas y las grandes corporaciones.

Los gestores profesionales también pueden ejercer presión para que un Gobierno tome determinadas medidas, o pueden forzar devaluaciones de monedas, aunque la capacidad de los gestores para hacer que un Gobierno actúe de una determinada forma es mucho más limitada que la capacidad de modificar los comportamientos de las empresas.

La existencia de gestores profesionales que administran enormes patrimonios hace que el poder de incidir en los precios de los activos cotizados se concentre en muy pocas manos. Es una élite financiera la que cada día “vota” las medidas económicas de los Gobiernos, y los resultados y estrategias de las empresas.

Es cierto que el gestor profesional puede tener en ocasiones una visión a corto plazo, tendente a mantener su puesto de trabajo, pero también es verdad que la profesionalización de las finanzas ha llevado consigo, ineludiblemente, una mayor eficiencia en los mercados.

Por último, la existencia de mayor inversión institucional, tal y como se ha señalado anteriormente, puede ser uno de los motivos de que los mercados financieros sean un canal de contagio de crisis financieras. Un mercado más global, aunque tiene ventajas indiscutibles, también tiene riesgos. Al ser las carteras y la gestión más internacional, es lógico que las crisis también sean más globales. Ocurre lo mismo que con el comercio; si un país está en la autarquía no le afectarán crisis exteriores (aunque su nivel de producción será más bajo); por el contrario, si el país se abre al comercio mundial está expuesto al contagio de crisis externas. El hecho de que el mercado financiero global pueda ser, o sea, conductor de crisis no debe justificar la supresión de dicho mercado; en todo caso, lo que cabe hacer es tomar las medidas oportunas para que las crisis no ocurran y si ocurren evitar su propagación.

La libre circulación del capital y la aparición de la gestión profesional deberían incrementar la eficiencia de la economía en general, puesto que implica que los recursos financieros se destinen allí donde son más rentables, y por tanto, deberían ser más productivos.

Tal y como afirmaba Pedro Solbes, ex vicepresidente segundo y Ministro de Economía del Gobierno de España: “mas allá de su importancia cuantitativa, la inversión colectiva tiene un papel cualitativo muy importante, al ser el principal vehículo de participación del inversor individual en los mercados de capitales. De esta forma se dota de mayor profundidad y liquidez a los mercados y se permite al pequeño ahorrador beneficiarse de las ventajas de la inversión en estos mercados; los inversores individuales obtienen así también los beneficios de una gestión de cartera profesionalizada, con unas posibilidades muy superiores de diversificación de su inversión”.

Recuerde que...

  • A pesar de ser un sector en crecimiento, el negocio de la gestión de activos no está exento de retos: los ingresos dependen de las valoraciones de los activos, los gestores más populares suelen ser caros y aquellos con más éxito pueden verse tentados a montar su propia compañía, con el consiguiente traslado de clientes e inversiones.
  • La importancia del gestor es alta en esta industria.
  • En los últimos lustros las sociedades de valores y sociedades gestoras de instituciones de inversión colectiva han ido ganando terreno a los bancos comerciales en los aspectos financieros.
  • La globalización de las carteras de los inversores ha hecho que la gestión de activos se realice más por sectores de la economía y menos por áreas geográficas.
  • Un mercado más global, aunque tiene ventajas indiscutibles, también tiene riesgos: al ser las carteras y la gestión más internacional, es lógico que las crisis también sean más globales.
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