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Gestión del Estrés

Gestión del estrés

Prevención de riesgos laborales

Concepto

Según la Organización Mundial de la Salud, “la salud no es solamente la ausencia de enfermedad, sino un estado positivo de bienestar físico, mental y social”. Así, en el ámbito laboral podemos decir que “un trabajo saludable es aquel en el que la presión sobre el empleado se corresponde con sus capacidades y recursos, el grado de control que ejerce sobre su actividad y el apoyo que recibe de las personas importantes para él” (OMS, 2003). Se puede concluir, por tanto, que las características del trabajo potencialmente más estresante serían:

  • Exigencias y presiones del puesto superiores a conocimientos y capacidades de la persona que lo ocupa.
  • Pocas oportunidades de tomar decisiones o ejercer control.
  • Escaso apoyo de los demás.

La Organización Internacional del Trabajo (1992) y la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo han catalogado al estrés como un problema de salud, con incidencia física y psicológica, que afecta al 25 % de los trabajadores de la Unión Europea, con un alto costo para los países miembros. Asimismo, consideran que entre el 50 y el 60 % del absentismo estaría relacionado con el estrés, sin olvidarnos de problemas de desmotivación, quejas, bajo rendimiento y elevada rotación.

Consecuentemente se reconoce que el estrés es uno de los principales problemas para la salud, tanto en el ámbito personal como profesional. Según algunos datos epidemiológicos, aproximadamente un 20 % de las consultas a médicos de familia plantean problemas directa o indirectamente generados o agravados por el estrés.

Desde otra perspectiva, es importante la consideración del estrés como un proceso que se definiría como “relación particular entre el individuo y el entorno, que es evaluado por aquel como amenazante o que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar” (Lazarus y Folkman, 1986). Esta concepción enfatiza la importancia de la persona, concretamente de cómo percibe y valora los acontecimientos potencialmente estresantes. Consecuentemente, el estrés no es igual para todos porque cada uno tiene una visión, una perspectiva y una estrategia personal, de forma que un acontecimiento muy estresante para una persona puede no serlo en absoluto para otra.

Estrés adaptativo y estrés no adaptativo

Existen innumerables evidencias del estrés como mecanismo de adaptación y supervivencia de la especie, de forma que nos prepara para afrontar situaciones determinadas. Por ejemplo, ante una emergencia se ponen en marcha ciertas funciones, como el incremento del ritmo cardiaco y respiratorio para oxigenar y llevar glucosa a los músculos, el aumento del tono muscular, la activación del metabolismo para obtener más glucosa en sangre, etc. Esta reacción es positiva y saludable para afrontar peligros o tareas que requieran energía y esfuerzo. Es el denominado estrés adaptativo.

No solo necesitamos cierto nivel de activación para desarrollar múltiples actividades de la vida cotidiana personal y profesional, sino que muchas personas realizan sus mejores trabajos con una cierta dosis de “presión”. A continuación se indican las ventajas de un moderado nivel de estrés:

  • Dinamiza la actividad.
  • Incrementa la atención, concentración y memoria.
  • Aumenta la productividad.
  • Es necesario para efectuar tareas complejas.
  • Incrementa la velocidad en la ejecución de tareas simples.

En definitiva, podemos afirmar que no todo tipo de estrés es nocivo y que el mito de evitarlo permanentemente es claramente excesivo. Sin embargo, si la activación es muy intensa o dura mucho tiempo entonces nos encontramos con el denominado “estrés no adaptativo” que conlleva una amplia sintomatología y problemática. Es importante distinguir entre lo que constituye un reto o desafío y lo que estimamos excede nuestras posibilidades y nos conduce a estresarnos.

Fuentes de estrés

Se denominan fuentes de estrés a todos aquellos pensamientos, situaciones, actividades, contextos, acontecimientos y relaciones que por algún motivo pueden generarnos estrés. Por supuesto, como ya se ha comentado, es fundamental identificar que la relación no es causal, en el sentido de pensar que “si tal acontecimiento tiene lugar... es imposible no tener estrés”, sino que viene moderada por la personalidad, educación, valores culturales e interpretación de lo que ocurre entre otras muchas características personales.

A continuación se clasifican algunas de las fuentes de estrés:

  • a) Externas: nuestro entorno.
    • Demandas de adaptación a cambios y pérdidas.
    • Exigencias de las relaciones interpersonales.
    • Amenazas a nuestra seguridad y autoestima.
    • Situaciones laborales complejas.
  • b) Internas: nuestro organismo.
    • Procesos de envejecimiento, enfermedad.
    • Cambios hábitos ejercicio físico.
    • Restricciones de la dieta, trastornos del sueño,...
  • c) Internas: nuestros pensamientos.
    • Modo de interpretar experiencias.
    • Sistema de atribución (no puedo hacer nada... o soy responsable).
    • Modo de ver el futuro... y el pasado.

A continuación se exponen algunas de las numerosas fuentes de estrés específicas del ámbito laboral y derivadas de múltiples aspectos del puesto de trabajo:

  • a) Características del puesto:
    • Condiciones físicas: hacinamiento, ruido, escasez de recursos.
    • Horarios: imprevistos, turnos, rotaciones, amplitud, “presencia”.
    • Perspectivas profesionales: inestabilidad, promoción excesiva o insuficiente, sistemas de valoración injustos, sin desarrollo profesional, escasa o excesiva cualificación para el puesto.
    • Conciliación vida familiar y laboral: conflicto, falta de apoyos recíprocos.
    • Tareas monótonas, desagradables o conflictivas.
  • b) Relaciones interpersonales:
    • Relación deteriorada con superiores, o con compañeros.
    • Trabajo aislado.
    • Intimidación, acoso.
  • c) Volumen y ritmo de trabajo:
    • Exceso o escasez.
    • Plazos muy estrictos y objetivos ambiciosos.
  • d) Participación y control:
    • Sin acceso a toma de decisiones.
    • Sin control sobre propia actividad (organización, horario...).
  • e) Rol en la organización:
    • Conflicto de roles.
    • Dirección de personas o equipos complejos.
    • Escasa claridad en las funciones asignadas.
  • f) Cultura institucional:
    • Comunicación interna deteriorada.
    • Estilo de liderazgo no acorde a estilo personal.
    • Poca claridad de objetivos y estructural.

Personalidad tipo “A” y tipo “B”

Del análisis de numerosas investigaciones en torno a perfiles de personas más proclives al estrés, se han extraído dos tipos de personalidad:

  • a) Tipo A, caracterizado por:
    • Competitividad y orientación a la acción.
    • Sentido de urgencia, impaciencia y esfuerzo.
    • Agresividad, hostilidad.
    • Tensión muscular.
    • “Hacer lo máximo” en el menor tiempo posible.
    • Autoexigencia elevada.
    • Autoimposición de sobrecarga de trabajo.
    • Supresión de sentimientos de fatiga.
    • Cinismo y desentendimiento respecto a las personas lentas.
    • Elevadas expectativas personales y respecto a los demás.
  • b) Tipo B, caracterizado por:
    • No ser competitivo.
    • Manifestar paciencia.
    • No mostrar agresividad.
    • Relajación.
    • Efectuar cada actividad en su momento, sin prisa.
    • Nivel exigencia razonable.
    • Aceptación de estar "fatigado".
    • Expectativas moderadas respecto a sí mismo y a los demás.

Obviamente una personalidad Tipo A implica una mayor propensión a padecer problemas de estrés, por lo que resulta importante identificar este factor de riesgo de carácter personal. El estrés no depende exclusivamente de lo que ocurra en el entorno, sino, en mayor medida, de la percepción personal.

Sintomatología

Si analizamos las respuestas que denotan la existencia de estrés, encontramos que existen cuatro componentes:

  • a) Respuesta fisiológica:
    • Tensión muscular, sudoración, palpitaciones, taquicardia, temblores.
    • Molestias de estómago.
    • Dificultades respiratorias.
    • Sequedad de boca, dificultades para tragar.
    • Dolores de cabeza, mareo, náuseas.
    • Agotamiento.
  • b) Respuesta cognitiva:
    • Preocupación, temor, miedo.
    • Inseguridad.
    • Pensamientos negativos sobre sí mismo y sobre la actuación ante otros.
    • Temor a que perciban nuestras dificultades.
    • Temor pérdida de control.
    • Dificultades para decidir, pensar, estudiar...
    • Falta de rendimiento.
  • c) Respuesta conductual:
    • Evitación o huida de las situaciones temidas.
    • Fumar, comer o beber en exceso.
    • Movimientos repetitivos.
    • Ir de un lado para otro sin finalidad.
    • Tartamudear, llorar.
    • Quedarse paralizado, inhibido.
  • d) Respuesta emocional:
    • Ansiedad: ante daño, peligro o amenaza.
    • Ira/rabia/enfado: ante obstáculos o imprevistos para el logro de objetivos determinados.
    • Tristeza: ante pérdidas o fracasos.
    • Culpa: ante un daño o perjuicio causado.
    • Agobio: ante situaciones que nos sobrepasan.
    • Pasión: ante algo que nos atrae con intensidad.

Repercusiones sociolaborales

Las repercusiones sociolaborales y económicas del estrés alcanzan magnitudes que han sido analizadas tanto desde una perspectiva socio-sanitaria como económica y laboral. A continuación se exponen algunas conclusiones al respecto:

  • La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (1995) identifica como factores de salud laboral el estrés y las relaciones interpersonales.
  • La Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea destacan la necesidad de efectuar campañas de prevención del estrés.
  • La Organización Internacional del Trabajo indica que los costes repercutibles al estrés en países europeos alcanzan el 3 % del PIB.
  • La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (1999) en investigaciones realizadas con población de trabajadores europeos concluye que:
    • Aproximadamente un 28 % padece estrés.
    • Más de la mitad trabajan a alta velocidad y con plazos ajustados.
    • Más de un tercio no pueden organizar el orden de sus tareas.

Las principales consecuencias del estrés en el trabajo serían:

  • Absentismo laboral.
  • Baja por enfermedad.
  • Excesiva rotación.
  • Agotamiento, malestar general.
  • Accidentes.
  • Deterioro de la salud (modificación de hábitos saludables).
  • Perturbaciones en los procesos cognitivos superiores (atención, percepción, memoria, toma de decisiones, juicios, etc.).
  • Descenso en la productividad.
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